“LAS TENDENCIAS Y LOS RUIDOS DEL MUNDO NO DEBERÍAN AFECTAR EL ACTO PURO DE CREAR”
EL TEATRO ES LA ALQUIMIA DE LAS ARTES, EL ESPACIO DONDE LA LITERATURA, LA DANZA, LA MÚSICA Y LA PLÁSTICA CONFLUYEN PARA CREAR UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE. ES LA CELEBRACIÓN DEL INSTANTE PRESENTE, LA VERDAD DESNUDA DE LA CONDICIÓN HUMANA PROYECTADA EN LA VOZ, EL CUERPO Y EL GESTO DEL ACTOR.
En esta ocasión, conversamos con Guillermo Cordero, una figura que trasciende los títulos convencionales de productor artístico y coreógrafo para erigirse como un verdadero maestro de las artes escénicas. Su nombre evoca disciplina y excelencia; es la expresión viva de alguien que lleva en sus venas la pasión por las tablas, respira el lenguaje de la danza como si fuese un idioma sagrado, y que ha consagrado cada instante de su vida al arte en todas sus formas. Guillermo no solo crea espectáculos, los transforma en experiencias que permanecen en la memoria, dejando claro que el arte, cuando se hace con amor y entrega, se convierte en legado.
«MI ESENCIA COMO ARTISTA Y LA ENERGÍA CREATIVA QUE FLUYE EN MÍ SON UN ESCUDO
PODEROSO CONTRA LOS VAIVENES DEL TIEMPO»


Guillermo, santiaguero de nacimiento, productor, director y coreógrafo; un creador que lleva el arte en sus venas y que, con cada uno de sus espectáculos, sacude al espectador en un torbellino de emociones encontradas. Su sello inconfundible desborda dramatismo y belleza, envolviendo a quien lo contempla en una experiencia que trasciende el escenario y permanece en la memoria. Es considerado uno de los más importantes constructores del espectáculo dominicano, su trayectoria ha sido reconocida en distintas ocasiones con galardones, como los Premios Soberano y los Premios Jaycees en las categorías de Concierto, Espectáculo y Coreógrafo, distinciones que reconocen la maestría y la fuerza de su visión artística. Cordero nos lleva detrás del telón de su universo íntimo y creativo, permitiéndonos adentrarnos tras bambalinas, allí donde nace la magia. En ese santuario del arte, descubrimos la alquimia con la que sus obras logran hacernos reír, llorar y suspirar, revelando en cada puesta en escena la grandeza de un artista que ha convertido el teatro y la danza en un lenguaje del alma.
Ritmo: A lo largo de su extensa carrera, ¿cuál considera que ha sido el proyecto que más lo ha desafiado y por qué?
Guillermo Cordero: “Juana la Loca” de Manuel Rueda. En la conmemoración del 50 aniversario del Teatro Nacional Eduardo Brito, estrenar ese texto único, poético, dramático e histórico a través de mi visión que cuestionaba si la trama era locura o conspiración, fue un hecho trascendental en mi carrera y la del todo el elenco artístico que participó. El compromiso era descomunal, atravesé distintos estados emocionales durante todo el proceso de 11 meses de creación, dudas y satisfacciones propios de un artista en el más elevado estado de creación. 50 años del Teatro Nacional estrenó de “Juana la Loca… ¿Locura o conspiración?”, premio Fundación Corripio en arte categoría Teatro Dirección; Premio Soberano, producción teatral 2023; Premio Soberano, director teatral 2023.


R: Sus producciones han tocado el alma de muchos. ¿Hay algún personaje o historia de las que ha llevado al escenario que haya resonado profundamente en su vida personal?
GC: Sí, la perturbada “Noemí”, interpretado por la gran Carlota Carretero en la obra el “Último instante” de Franklin Domínguez, que inició mi debut como director teatral con este monólogo que prestigia la dramaturgia Latinoamericana. Dirigir a Carlota Carretero fue más que un privilegio, conocer su fuerza interior y su desbordada pasión por el teatro me sirvió de inspiración para encontrar el verdadero sentido que le otorgué al personaje de Noemí y a todos los fantasmas de su pasado en los fríos muros de su laberinto emocional.
R: ¿Qué papel juega la tecnología en sus producciones y cómo la ha integrado para mejorar la experiencia del público?
GC: La tecnología se ha vuelto fundamental en el arte escénico, permitiendo la creación de experiencias inmersivas y dinámicas a través de proyecciones, video mapping, usados para crear ambientes inmersivos y escenografías dinámicas, transformando superficies y transportando al público a diferentes lugares. Asimismo, en estos momentos, existen grandes avances en sistemas de sonidos especializados que crean paisajes sonoros envolventes y permiten ubicar sonidos en puntos específicos del escenario, enriqueciendo la experiencia del público. Lo más nuevo en tecnología es la realidad aumentada (RA) y realidad virtual (RV) que ofrecen niveles de inmersión sin precedentes, permitiendo a los espectadores explorar mundos virtuales o interactuar con elementos digitales en el espacio físico de una obra. Ahora bien, todos estos avances tecnológicos, sin el poder de la creación artística, se convierten en una experiencia similar a una visita al EPCOT Center de Disney World… La tecnología jamás debe aplastar lo artístico en una puesta en escena.


R: ¿Hay alguna obra o musical que usted anhela profundamente que se produzca en la República Dominicana, y, si es así, por qué tiene un significado tan especial para usted?
GC: “El fantasma de la ópera” de Andrew Lloyd Webber. La importancia del musical “El fantasma de la ópera” radica en su estatus como uno de los espectáculos más icónicos y exitosos de la historia del teatro musical, reconocido por su impactante historia de amor, obsesión y misterio, la calidad de su partitura musical y su impresionante puesta en escena que ha cautivado generaciones de espectadores, lo que lo convierte en un fenómeno cultural de categoría mundial. Estoy convencido que el Teatro Nacional sería el escenario idóneo para su puesta en escena en República Dominicana.
R: Desde su perspectiva y sus vivencias, ¿cómo cree que ha evolucionado el teatro musical en República Dominicana desde que usted comenzó hasta el día de hoy?
GC: El teatro musical es una cita obligada con el público dominicano, tanto en edades adultas como en el segmento joven. Esto ha entusiasmado a una gran cantidad de talento emergente que se ha preparado, tanto en el canto, la actuación y la danza, ofreciéndonos, en muchos casos, grandes actuaciones. Constantemente tenemos en cartelera varios musicales durante el año, concertando el interés de los patrocinadores y de los productores, tanto experimentados como nuevos, que lo arriesgan todo para llevar a escena sus sueños. Tanto se han preparado los nuevos talentos, que en la actualidad contamos con una gran participación de dominicanas y dominicanos en la versión española de “El Rey León” en Madrid. Hay una observación que siempre hago, un musical o cualquier puesta en escena necesita tiempo para madurar, no se puede hacer en microondas.
R: ¿Cuál ha sido el mayor logro profesional del que se siente más orgulloso y por qué?
GC: Mi próxima obra siempre será mi próximo reto, mi próximo desafío. Apuesto por el presente, no por los éxitos del ayer. Mi misión es mantenerme actualizado y mantener viva la llama de la creación. Lo pasado te da trayectoria, el presente te da vigencia. Mi próximo reto es en diciembre del 5 al 14 es “Habemus Papam”. Sala Ravelo, Teatro Nacional.


R: ¿Cómo ha mantenido viva la llama de la pasión a lo largo de los años, sin que la rutina o las presiones de la industria la apaguen?
GC: Mi esencia como artista y la energía creativa que fluye en mí son un escudo poderoso contra los vaivenes del tiempo y las presiones externas. Las tendencias y los ruidos del mundo no deberían afectar el acto puro de crear. Por eso soy implacable y riguroso, mi proceso es sagrado, y para preservarlo evito socializar cuando estoy inmerso en él. Es mi forma de blindar la productividad y garantizar que la conexión con mi arte permanezca en la dirección correcta.
R: Detrás del telón, ¿cuál ha sido el momento más vulnerable que ha experimentado en su carrera y qué le enseñó sobre sí mismo?
GC: Vislumbrar un fracaso creyendo que ese momento era el final de todo y resultó ser en el tiempo la oportunidad para renacer de las cenizas.
R: Ha sido un pilar en la formación de talentos. ¿Cuál es la mayor lección de vida que busca transmitir a los jóvenes artistas, más allá de la técnica y la disciplina?
GC: La verdad, su verdad, encontrarla es la única ruta por la que debemos transitar en la vida, no podemos jugar a ser, tenemos que ser lo que somos y para lo que fuimos hechos, jugar nuestro papel, no el que queremos, ni el de los demás, sino el que nos corresponde. Porque muchas veces queremos ponernos un traje que no nos va. El arte tiene que desarrollarse a través de la verdad de cada artista.


R: Si pudiera sentarse a hablar con el Guillermo que estaba empezando su carrera, ¿qué le diría y qué le aconsejaría que no hiciera?
GC: Mi consejo sería que no condicione su valía como persona a sus logros en el ámbito laboral. El éxito profesional es solo una parte de una vida plena.
R: Más allá del aplauso, ¿qué es lo que verdaderamente lo impulsa a seguir creando y produciendo espectáculos en una era donde las artes a veces enfrentan grandes desafíos?
GC: Ser artista, vibrar, sentir esa energía creativa conscientemente. Producir espectáculos es mi profesión y la ejerzo con vocación y propósito. Los grandes desafíos siempre han existido, existen y existirán y parte de nuestro plan de vida es adaptarnos, no creo en los lamentos, sino en las soluciones. Quejarse no es una estrategia. Tienes que trabajar con el mundo como lo encuentras, no como te gustaría que fuera.


R: En los momentos de mayor soledad creativa, cuando las ideas no fluyen, ¿a qué o a quién recurre para encontrar inspiración y reconectar con su propósito?
GC: El silencio como fuente de creatividad. El silencio fomenta la introspección y la autoconciencia. En el silencio, el artista puede acceder a pensamientos más íntimos, alejarse de influencias externas y conectar con su interior para desarrollar ideas auténticas y personales.





