El arte y el mundo de la tecnología no están separados, los algoritmos y el pincel encuentran su punto de fusión para hacer una simbiosis. Desde la realidad virtual que nos transporta a mundos imposibles hasta la inteligencia artificial que genera obras nunca antes vistas, la tecnología ha dejado de ser una mera herramienta para convertirse en un colaborador, un catalizador.
En medio de estos dos mundos surge Catalysta, una plataforma para adquirir arte de manera en online y también una forma de apoyar al arte latinoamericano.
Valerie Brugal es la creadora de esta plataforma que nació en el 2020 como una forma de visibilizar y apoyar a los artistas contemporáneos de América Latina.
Desde sus inicios Catalysta ha tenido un crecimiento constante. “Comenzamos como una plataforma digital para conectar artistas con nuevos públicos y coleccionistas, pero muy pronto entendí que la presencia física también era esencial para crear vínculos más profundos y contextos significativos para las obras”.
Hoy en día, esta plataforma combina lo mejor de ambos mundos: un espacio online activo y dinámico, y una presencia en ferias internacionales, exposiciones pop-up y colaboraciones con galerías.
Los inicios de una gran pasión por el arte
Valerie expresa que su relación con el mundo del arte empezó desde que era muy joven y se consolidó de manera profesional cuando inició a trabajar en la gestión y a manejar colecciones, tanto en instituciones museísticas como en colecciones privadas. Esa experiencia le permitió entender el arte no solo desde la apreciación estética, sino también desde la investigación, la conservación, la curaduría y el mercado.
“Con el tiempo, me di cuenta de que quería crear un proyecto propio que uniera todo ese conocimiento con mi pasión por visibilizar el talento latinoamericano y hacerlo accesible a más personas”.


El surgimiento de Catalysta
Catalysta nació de una combinación de intuición, experiencia y deseo de cambio. Después de años trabajando en el manejo de colecciones y en el ámbito curatorial, veía de cerca las barreras que existían para que artistas latinoamericanos pudieran proyectarse a nivel internacional, así como la falta de accesibilidad para nuevos coleccionistas que querían entrar al mundo del arte, pero no sabían por dónde empezar.
Para Valerie, uno de los mayores desafíos fue abrirse camino y ganar credibilidad en un momento en que el mercado del arte todavía miraba con cierta desconfianza a los modelos digitales. En 2020, aunque la pandemia aceleró la transición al mundo online, seguía existiendo la percepción de que la experiencia del arte debía ser exclusivamente física para ser legítima. “Implicó el reto de construir una red desde cero, estableciendo vínculos sólidos con artistas, coleccionistas y aliados estratégicos, sin el respaldo de una institución tradicional detrás. Fue un proceso de mucha perseverancia, de explicar nuestra visión una y otra vez, y de demostrar con cada proyecto que una plataforma híbrida, comprometida y bien curada podía aportar valor real al ecosistema artístico”.
La selección de las primeras obras de arte
Brugal manifestó que la selección inicial fue muy cuidadosa y profundamente personal. Partiendo de artistas cuyo trabajo ya conocía de cerca, ya que había desarrollado una relación de confianza. Valerie buscaba propuestas sólidas en lo conceptual, pero también un lenguaje visual potente y coherente que pudiera dialogar con distintas audiencias. “Otro criterio fundamental fue la diversidad: quería que desde el inicio Catalysta reflejara la riqueza de perspectivas, técnicas y discursos que existen en América Latina. Esto significó incluir distintas generaciones, geografías y medios, desde pintura y fotografía hasta instalación y escultura”.



