María Dimitrova inició su carrera en el karate siguiendo los pasos de su padre a los cuatro años. Hoy ostenta una racha de oros incomparable; es conocida como la “princesa dominicana del karate”, considerada una de las mejores del mundo dentro de la modalidad de kata femenina.
Ejemplo de disciplina, esfuerzo y dedicación, este 2026 ganó su sexta medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Con esta presea, Dimitrova pone fin a una carrera de más de 24 años haciendo brillar a la República Dominicana en el tatami.
María expresa que todavía recuerda las exigencias de su padre, quien la llevó a conseguir los logros que ha cosechado hoy. Le mandaba a repetir la misma posición una y otra vez porque no estaba perfecta, y esa búsqueda de perfección es lo que aún aplica en su carrera.
En la modalidad de kata, la perfección define el éxito, ya que los árbitros evalúan los pequeños detalles de cada técnica. Durante su entrenamiento con los hermanos Hasegawa, los siete veces campeones mundiales le hicieron comprender que el tatami es amplio y que hay que aprovechar todo el espacio.
“Eso me hizo entender que yo no puedo hacer la kata de una manera reducida con movimientos cortos, sino que tienen que ser movimientos más amplios. Esto marcó una diferencia entre mis movimientos y los de mis oponentes”.
A pesar de sus títulos y medallas, el mayor orgullo de Dimitrova es el impacto que ha tenido inspirando a los jóvenes que practican karate y la ven como un referente.


“Para mí, ganar un premio como Atleta del Año tiene un significado personal, pero sé que tiene un significado mucho más grande para mis alumnos, que dicen: ‘Wow, mi sensei, mi profesora fue Atleta del Año’. Ese impacto en ellos, el saber que algún día pueden lograr también ese tipo de reconocimiento o una medalla como la que yo he ganado, es lo que realmente me satisface. Me pone orgullosa porque siento que estoy haciendo un cambio en ellos”.
María también es madre de dos niños, Ayden de cuatro años y Alaya de uno. Aunque aún son pequeños, la quinta Dan en el estilo Shito-ryu, uno de los cuatro estilos principales dentro del karate japonés moderno, asegura que ya ha identificado la vena competitiva y deportista en su primogénito, quien practica karate, fútbol y gimnasia.
“Nosotros no los obligamos a que hagan ninguna actividad, sino que les mostramos diferentes opciones y ellos escogen”.
Dentro de casa, ha encontrado un apoyo incondicional en su esposo, Félix Sánchez, un padre excepcional. Ambos han logrado un equilibrio a base de organización: cuando ella entrena, Félix se queda con los niños, y viceversa. Él comprende, además, cuando el rol deportivo debe tomar prioridad, como ocurrió durante su preparación para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026.


“La familia siempre es una prioridad, pero cuando ya estamos a una semana del evento las prioridades cambian. Ahí viene el apoyo familiar; por suerte he tenido siempre el apoyo de Félix, que es muy buen padre y me ayuda a cuidar a los niños”.
Esta última competencia fue muy emotiva para ella, pues nunca antes había podido ver a su familia apoyándola desde las gradas. El calor de competir en casa no se compara con nada: al terminar su participación, corrió hacia las gradas donde estaba su familia y sus alumnos con carteles.



