Ney Díaz ha dedicado gran parte de su vida a formar líderes, acompañar organizaciones en su crecimiento a través de sus programas de capacitación e inspirar a miles de personas a través de sus conferencias y libros. Sin embargo, asegura que ninguno de sus roles ha representado un aprendizaje tan profundo como la paternidad. Para él, ser padre ha sido la experiencia más transformadora de todas: una escuela permanente que ningún libro, empresa o éxito profesional puede igualar.
En esta conversación, Ney Díaz reflexiona sobre los aprendizajes que le ha dejado su hija, el equilibrio entre la vida familiar y la empresarial, el verdadero significado del éxito y la responsabilidad de formar seres humanos desde el ejemplo. Una entrevista que trasciende la figura del profesional y empresario de la capacitación para descubrir al hombre que entiende que el mayor legado no se construye en las carreras profesionales o en los negocios, sino en el hogar.
Lejos de ofrecer fórmulas infalibles sobre cómo ser un buen padre, Ney Díaz comparte una mirada honesta y profundamente humana sobre los desafíos, los miedos y las decisiones que acompañan la crianza. A través de experiencias personales y reflexiones construidas desde la vulnerabilidad, plantea que educar a un hijo es, en realidad, un ejercicio constante de transformación personal. Sus respuestas invitan a replantear las prioridades, comprender el verdadero significado de estar presentes y reconocer que el éxito más trascendental no siempre se mide por los logros alcanzados, sino por las vidas que somos capaces de inspirar y formar.



1. Usted ha dedicado casi tres décadas a formar líderes y empresarios. ¿Diría que la paternidad ha sido el mayor programa de liderazgo que ha cursado? ¿Por qué?
Definitivamente. Para mí la paternidad ha sido, es y seguirá siendo, sin lugar a duda, la experiencia de aprendizaje continuo más aleccionadora, demandante y retadora que he tenido en mi vida. Durante años, pensé que liderar consistía principalmente en influir, desarrollar personas y alcanzar resultados. La paternidad me enseñó que el verdadero liderazgo comienza en la coherencia, pues ser padre es aceptar que alguien aprenderá de nuestra forma de vivir mucho más de todo lo que podamos decirles. Ese nivel de conciencia obliga, exige y transforma. Dicho de otra forma, los hijos escuchan nuestros consejos de vez en cuando; nuestro ejemplo lo observan todos los días.
De hecho, con el paso de los años he llegado a la conclusión de que ser padre tiene mucho menos que ver con educar a los hijos y mucho más con educarnos a nosotros mismos. Si uno aspira a formar buenos seres humanos, primero debe esforzarse por convertirse en uno.


2. En el mundo corporativo suele hablarse de dejar un legado profesional. Como padre, ¿qué valores considera realmente irremplazables?
Considero que el verdadero legado de un padre no se mide por lo que deja a sus hijos, sino por lo que deja en sus hijos. Con frecuencia, los padres nos preocupamos demasiado por el futuro que dejaremos a nuestros hijos. Quizás deberíamos preocuparnos todavía más por los hijos que dejaremos al futuro.
Si tuviera que escoger algunos valores, hablaría de integridad, humildad, respeto por los demás y responsabilidad personal. Pero añadiría que la principal herencia que podemos dejarle a nuestros hijos es enseñarles a tener criterio, pues es lo que les ayudará a tomar decisiones cuando ya no estemos a su lado. Con criterio me refiero a la capacidad de formarse su propia opinión o juicio con fundamento. Es decir, no llevarse por lo que otros les dicen, sino analizar, comparar y decidir basándose en esos valores que les hemos inculcado.


3. Ha construido empresas, liderado equipos y acompañado el crecimiento de miles de ejecutivos. ¿Cuál de esos roles ha sido el más desafiante comparado con educar a un hijo?
Ninguno. En una organización existen procesos establecidos, indicadores, estrategias y resultados relativamente medibles. En la paternidad no hay manuales infalibles. Cada etapa trae preguntas nuevas y obliga a tomar decisiones cuyos efectos muchas veces solo veremos años después, o incluso no veremos nunca. Lo mismo pasa con las relaciones, las cuales, en las organizaciones, son formales, coyunturales, transaccionales y efímeras. Las relaciones con los hijos son exactamente lo contrario.
4. Desde su experiencia, ¿cree que el éxito profesional o empresarial puede convertirse en un enemigo silencioso de la paternidad cuando no se establecen prioridades claras?
El trabajo duro y los beneficios materiales que este puede aportarnos pueden convertirse fácilmente en una justificación permanente para no estar presentes, pues entendemos que estamos cumpliendo nuestro principal rol: el de proveedores. Y autojustificarnos con que, a fin de cuentas, todo lo que hacemos es por el futuro de nuestros hijos. Y lo digo por experiencia propia, pues ese fue, por mucho tiempo, mi argumento interno.
Y lo peligroso es que muchas veces el éxito material viene acompañado de reconocimiento, admiración y logros que hacen difícil percibir el costo que estamos pagando.
Por eso, el verdadero desafío consiste en entender que construir una carrera o empresa y construir una familia no son responsabilidades que deberían competir entre sí, pero sí requieren decisiones conscientes. Una vida profesional o empresarial brillante difícilmente puede considerarse plenamente exitosa si se construye a costa de las relaciones más importantes. Además, la dura realidad es que nuestros hijos aprenden mucho menos de nuestros consejos que de nuestras prioridades.


5. Su libro RESTART habla sobre reinventarse constantemente. ¿Ha tenido que hacer un “restart” personal para convertirse en el padre que quería ser?
Mira, desde el mismo día en que recibimos la noticia de que vamos a ser padres hasta el día que dejamos este plano terrenal, la relación con los hijos es un continuo recomenzar, pues cada etapa de sus vidas viene con sus nuevos retos. Los hijos cambian, crecen y nos obligan a cambiar con ellos. Lo que funciona en una etapa deja de funcionar en la siguiente. Ser padre implica aprender, desaprender y volver a aprender constantemente.
La mayor responsabilidad de un padre no es preparar el camino para sus hijos, sino preparar a sus hijos para el camino. Y eso exige revisarnos con frecuencia, ajustar nuestra forma de acompañar y entender que amar a un hijo también implica prepararlo para un mundo que no siempre será justo, fácil ni comprensivo.
6. En sus conferencias suele decir que el miedo puede ser un gran catalizador. ¿Qué miedos aparecieron con la llegada de la paternidad y cómo los transformó en crecimiento?
Uy, los miedos… Eso sería material para una entrevista completa. Sacando a un lado los miedos clásicos que tenemos desde el mismo día en que nos enteramos de que seremos padres, considero que el mayor miedo de cualquier padre es no estar a la altura de la responsabilidad que tiene delante. Uno entiende muy rápido que sus decisiones, sus reacciones y hasta sus silencios pueden dejar huella. Ese miedo, bien gestionado, no tiene por qué paralizarnos, sino que puede convertirse en una llamada permanente a ser más conscientes.
Con el tiempo, entendí que la paternidad no exige perfección, pero sí presencia y disposición a mejorar. Cuando el miedo nos invita a prepararnos mejor, a escuchar más y a revisar nuestro comportamiento, deja de ser un enemigo para convertirse en un catalizador de crecimiento.
Hay un miedo concreto del que sí quiero hablar, pues es lo que yo denomino un miedo moderno pues para nuestros padres ni siquiera existía. Y es el miedo de muchos padres a que sus hijos no los quieran. A esos padres les diría que la paternidad no es un concurso de popularidad. Ojalá logremos ser ambos, pero ante una disyuntiva debemos siempre priorizar el ser buenos padres antes que ser padres buenos. Yo siempre he pensado que debemos trabajar para que nuestros hijos nos amen cuando tengan 25 años y, al enfrentar la vida, vean cómo todo lo que hicimos y dijimos cobra total sentido.


7. Como mentor, ayuda a otros a desarrollar su potencial. ¿Qué ha descubierto que ningún libro de liderazgo puede enseñar sobre criar hijos?
Muchas cosas…
Siempre digo en nuestras inducciones que debemos interiorizar que en nuestro negocio podemos tomar todas las precauciones y medidas preventivas, hacer el mejor brief del mundo, tener tantas reuniones de alineación con el facilitador o conferencista y tener en cuenta absolutamente todos los detalles, que en el exacto momento de esa persona pararse frente a una audiencia ya no tenemos control de lo que diga. Por lo que solo nos queda tener la tranquilidad de que hemos hecho nuestro trabajo y confiar. Pues lo mismo pasa con los hijos.
Los hijos no son un algoritmo al que le introducimos unas instrucciones y nos dará un resultado esperado. Debemos asumir e interiorizar que nuestros hijos son individuos con rasgos de personalidad, gustos y preferencias que en muchas ocasiones los acompañan desde que nacen. Por lo que no debemos aspirar a que sean una versión mejorada de nosotros, ni una proyección de todo lo que quisimos hacer y no pudimos. Mucho menos, un reflejo de lo que nosotros entendemos que ellos deben ser.
Y, por último, una reflexión sobre algo con lo que veo a muchos padres batallar, y es que queremos que nuestros hijos no “sufran” ni tengan que vivir y superar situaciones que nosotros vivimos, sin darnos cuenta de que esas experiencias son las que nos permitieron forjar nuestro carácter. Como siempre digo: “A nuestros hijos no podemos allanarles tanto el camino al punto de que no aprendan a brincar sobre los obstáculos, esquivarlos o moverlos”.
8. ¿Existe alguna decisión empresarial importante que haya tomado pensando primero en su familia y no en el negocio?
Todas… En mi libro, Las 12 preguntas, digo que el dinero es como el oxígeno: todos lo necesitamos para vivir, pero nadie vive para respirar. Lo mismo sucede con el trabajo o los negocios. Tanto si eres empleado como si eres emprendedor, siempre debes ver lo que haces como un medio para un propósito mayor. Si tienes la gran suerte de amar lo que haces, pues sé muy agradecido. Pero, si no lo amas apasionadamente, cada vez que no te sientas del todo motivado, recuerda a qué propósito está contribuyendo. Y, en el caso de un individuo, no creo que haya un propósito mayor que aportar al bienestar de su familia.
Ahora, si quieres una confesión, te diría que todas mis decisiones profesionales o de negocios pasan por un filtro muy importante para mí: que, cuando Andrea diga que es mi hija, lo pueda hacer con la cabeza en alto y sin tener que bajar la mirada.



9. Vivimos en una cultura que muchas veces aplaude al profesional o empresario que nunca descansa. ¿Cree que es momento de redefinir el concepto de éxito para incluir una paternidad presente?
Quisiera aprovechar esta pregunta para darle un poco de alivio a los padres que conviven con un sentimiento de culpa constante debido a su trabajo, a los que la vida los ha obligado a buscar una mejor situación para su familia trabajando lejos de esta y a los que, por circunstancias de la vida, sus hijos no viven en el mismo lugar físico o geográfico que ellos.
Y esto lo haré aclarando que no es lo mismo una paternidad presencial que una paternidad presente. Es decir, si bien lo ideal sería que nuestros hijos cuenten con ambas cosas durante sus años de desarrollo, la gran realidad es que en la vida lo ideal no siempre es lo posible. Y, ante estos dos escenarios, siempre será mucho más importante ser un padre súper presente en la distancia que tener los hijos al lado y no estar pendiente de ellos.
Los hijos no necesitan que estemos disponibles todo el tiempo. Necesitan saber que pueden contar con nosotros cuando nos necesiten. Esa diferencia parece pequeña, pero en la práctica lo cambia todo. Lo que sí debemos como padres es acostarnos todos los días con la sensación de que, sea cual sea nuestra realidad de vida, estamos haciendo lo mejor que está a nuestro alcance por nuestros hijos. Y, sobre todo, que ellos estén conscientes de ello.
11. En liderazgo se habla mucho de inteligencia emocional. ¿Cómo le ha ayudado la paternidad a desarrollar habilidades que luego ha llevado a la dirección de sus empresas?
Creo que mi principal aprendizaje de la paternidad aplicable a mi realidad laboral es que liderar no consiste únicamente en obtener resultados, sino también en crear las condiciones para que otros puedan desarrollar lo mejor de sí mismos. La paternidad obliga a gestionar emociones, expectativas, frustraciones y silencios. Y a potenciar la paciencia y la tolerancia. Y esa escuela, aunque no tenga diploma, es profundamente formativa para cualquier persona que tenga la responsabilidad de liderar a otros.
12. Como fundador de varias organizaciones, sabe que una empresa se construye con cultura. ¿Qué cultura ha querido construir dentro de su hogar?
Las culturas más sólidas no se construyen con declaraciones, sino con hábitos, prioridades y ejemplos cotidianos. Lo mismo ocurre en una organización y en una familia. Te diría que una cultura que promueva la honestidad, la frugalidad, la humildad, la autenticidad y la solidaridad con el prójimo. Y, sobre todo, una cultura en la que la palabra empeñada no se negocie, todo se converse, no se guarden rencores y no se tenga miedo a pedir perdón.


13. Si dentro de 20 años su hija fuera entrevistada sobre usted, ¿qué le gustaría que respondiera cuando le preguntaran quién fue realmente Ney Díaz: el empresario de la capacitación, el mentor o el padre?
Los cargos cambian. Los títulos desaparecen. Lo que permanece es la clase de persona que fuimos y la huella que dejamos en la vida de los demás. Y, si pudiera aspirar a algo, sería a que mi hija sintiera que, más allá de mis aciertos y errores, siempre intenté ser una persona decente, que estuve presente cuando realmente importaba y que sembré en ella algo que le ayudara a vivir mejor.
Porque, si uno logra ser una persona decente, tendrá más posibilidades de ser un buen padre, un buen esposo, un buen hijo, un buen amigo, un buen ciudadano, un buen mentor y un buen profesional o empresario…
Más allá de los logros empresariales, los libros publicados o las organizaciones que ha construido, Ney Díaz deja claro que la mayor obra de una persona siempre será la huella que imprime en quienes ama. Sus reflexiones invitan a repensar el liderazgo desde la coherencia, el éxito desde la presencia y la paternidad como un ejercicio constante de crecimiento personal.Porque, al final, los títulos cambian, las empresas evolucionan y los reconocimientos pasan. Lo que permanece es el ejemplo, los valores transmitidos y la capacidad de haber formado seres humanos que puedan caminar por la vida con criterio, integridad y propósito. Ese, quizá, sea el legado más importante al que puede aspirar cualquier padre



