Si usted, mi querido lector, es admirador de Daniel Day-Lewis, en primer lugar debo alabarle el buen gusto y, en segundo lugar, recomendarle Phantom Thread.
No saben lo común que es que jóvenes acudan a mi consultorio con la queja de que no logran maquillarse sin que se les corra hacia el párpado superior, dando un smudge look.
¿Las cosas no salen bien? ¿Sientes que no aciertas una, que no avanzas; ideas obsesivas que de repente llegan a tu mente; te sientes impaciente, irascible, con cierta preocupación de no alcanzar tus metas, sueños y deseos? Todo esto, muchas veces, sin una causa aparente…
Más de 300 fórmulas que tienen en cuenta lo que llaman la “arquitectura para la boca”, pues se entiende que hay diferencias de sabor y textura al masticar la pasta solo con cambiar los ingredientes que lo acompañan.
Una de las acciones que la Iglesia promueve estos días es el del ayuno. Esta práctica ha sido mal entendida por diversas razones. Si se queda en el simple abstenerse de comer y no está acompañada de oración y, sobre todo, de un propósito, no es más que pasar hambre o hacer una dieta.
Así que, mi querido lector, si usted piensa que no tiene enemigos, reciba mis más sinceras felicitaciones. Pero si alguna vez se llega a sentir desganado, sin impulso, falto de metas o sueños por atrapar… ¡búsquese un contrario al que admirar sanamente, que le resulte inspirador y le rete a salir de su cueva tranquila! Y no estoy hablando de envidia, que es la simple satisfacción por la desgracia ajena, sino de esas personas que con su brillo nos van iluminando el camino, germinando en nosotros los deseos de ir a la par o, incluso y sin desesperarse, un pequeño pasito por delante.
Es entonces donde surge la pregunta: ¿De dónde nace su pasión por lo no procesado y cómo encuentra en esta forma de vida, su deleite? Todo comenzó cuando en una etapa importante de su vida decide hacer cambios sustanciales a su forma de vivir, esto incluyó la alimentación.