Estilista, director creativo y figura clave de la moda dominicana. Cofundador de DominicanaModa y formador de nuevos talentos, ha impulsado la proyección internacional de modelos y diseñadores, consolidándose como uno de los grandes referentes del estilo y la imagen en el país.
A lo largo de décadas, Oscar de la Renta no solo elevó el nombre de la República Dominicana en la moda internacional, sino que también dejó una huella profunda en quienes hoy continúan expandiendo la creatividad caribeña. Su ejemplo, lleno de rigor, sensibilidad y orgullo cultural, sigue siendo un faro para profesionales que, como Sócrates, han dedicado su carrera a impulsar el talento dominicano dentro y fuera del país.
A lo largo de su trayectoria, usted ha sido una figura clave en la proyección del talento dominicano. ¿De qué manera la filosofía estética y profesional de Oscar de la Renta influyó en su visión sobre la moda y en la construcción de su propio camino dentro de la industria?
Los dominicanos –y, en general, los latinos– contamos con el privilegio de tener una referencia tan poderosa como el legado de Oscar de la Renta: un joven latinoamericano que logró imponer su visión en las esferas más exigentes de la moda. Seguir su ejemplo implica trabajar con claridad de propósito y entendiendo que los logros no llegan de inmediato, requieren constancia, disciplina y una entrega absoluta al oficio.
Oscar de la Renta trascendió como embajador cultural de la República Dominicana. Desde su perspectiva, ¿cómo ha impactado su legado en la evolución del diseño dominicano contemporáneo y en la manera en que usted orienta y acompaña a nuevas generaciones de creativos?
Mantenerse fiel al origen no limita la posibilidad de nutrirse de otras culturas. Oscar de la Renta mostró una ruta clara: llevar siempre en el equipaje la sensualidad del Caribe, la intensidad del salitre, la delicadeza de la espuma del mar y la vibrante luz de nuestras costas. Enseñó que el ADN dominicano va más allá de la forma; es una emoción que se entiende, incluso, con un simple trago de ron frente al mar. Ese espíritu guía hoy la evolución del diseño local y la manera en que acompaño a quienes comienzan su camino creativo.
En su rol como curador, formador y gestor de proyectos, ¿qué enseñanzas del maestro de la belleza y la elegancia dominicana han guiado su práctica diaria o su manera de interpretar la moda como expresión artística y vehículo de identidad?
Es imposible no sentir la fuerza de su carisma, tanto como marca como ser humano, en cualquier ámbito relacionado con la moda. Su trayectoria demuestra que es posible llegar más lejos y verse en escenarios más grandes. Nuestra insularidad no debe ser un límite; al contrario, él la transformó en un elemento distintivo en un momento en que la globalización apenas despertaba. Esa perspectiva inspira mi trabajo diario y mi visión de la moda como expresión artística.
Si tuviera que identificar un momento o un elemento específico de la obra de Oscar de la Renta que marcó su sensibilidad profesional, ¿cuál sería y cómo ha influido ese referente en la narrativa que usted construye a través de sus proyectos y plataformas?
Cuando tuvimos el honor de presentar su desfile retrospectivo en DominicanaModa, viví dos momentos inolvidables. El primero ocurrió el día de su cumpleaños, cuando lo visité en su oficina en Nueva York. Había un vestido dorado colgado. Me preguntó si me gustaba; asentí. “Acaba de regresar de una clienta, es de 1963”, dijo. Solo pude responder: “Hoy cualquier mujer entra con este vestido y se convierte en la reina del salón”. Comprendí entonces que la atemporalidad era uno de los pilares de su grandeza.
El segundo momento llegó durante el desfile, al ver unas chaquetas inspiradas en cotorras. Pregunté a su productor, Jack Alexander, por la historia detrás de esas piezas y me contó que ese desfile lo habían presentado en París. Su capacidad de transformar nuestra cotidianidad en belleza sublime confirmó que no es necesario renunciar a mi identidad caribeña para alcanzar cualquier sueño.



