Hablar con Mónika Despradel es descubrir una historia de resiliencia, amor y propósito. Reconocida por su labor al frente de la Fundación Nido para Ángeles, organización dedicada a la atención integral de niños con parálisis cerebral y otras condiciones asociadas, Despradel ha convertido una de las experiencias más difíciles de su vida en una misión que hoy impacta a cientos de familias dominicanas.
Antes de dedicarse al trabajo social, Mónika Despradel desarrollaba una exitosa carrera en el mundo artístico como bailarina y productora de espectáculos. Sin embargo, el nacimiento de su hijo Sebastián cambió por completo el rumbo de su vida. Durante el parto, Sebastián sufrió una asfixia perinatal que provocó una condición severa de parálisis cerebral. Lo que para muchas personas pudo haber significado quedarse atrapadas en el dolor, para ella se convirtió en el impulso para actuar.
“Mi inspiración fue mi hijo Sebastián”, afirma. Aunque recuerda el momento del diagnóstico como una experiencia devastadora, asegura que nunca se preguntó por qué le había ocurrido a ella, sino por qué un niño que apenas comenzaba a vivir debía enfrentar una situación tan compleja. A partir de entonces decidió enfocarse en encontrar soluciones y acompañamiento para familias que atravesaban circunstancias similares.
Fue precisamente esa búsqueda la que dio origen a Nido para Ángeles. En aquellos años, Despradel descubrió que existían muy pocos espacios especializados para atender a niños con parálisis cerebral y brindar apoyo integral a sus familias. La necesidad era evidente y la respuesta debía ser inmediata.
Uno de los logros que más orgullo le genera ha sido la expansión de la fundación gracias a la cesión de una amplia sede por parte del Patronato Dulce Milagro. Antes de contar con ese espacio, la institución atendía a 75 familias y mantenía una lista de espera de más de 130. Hoy, gracias al crecimiento de la infraestructura y los programas, Nido para Ángeles brinda atención a 265 familias, reduciendo significativamente la espera y ampliando el alcance de sus servicios.


Más allá de las terapias y tratamientos, la fundación ha desarrollado un modelo integral único en el país. El centro combina atención médica especializada, educación especial, apoyo psicológico y programas de acompañamiento familiar en un mismo espacio. Para Mónika, este enfoque es esencial porque la discapacidad no impacta únicamente al niño, sino a todo su entorno.
Las dificultades que enfrentan estas familias son múltiples. Desde la escasez de especialistas y los altos costos de tratamientos, hasta la necesidad de equipos adaptados, medicamentos, sillas de ruedas, camas especiales y otros recursos que elevan considerablemente los gastos del hogar. A esto se suma el impacto emocional que supone afrontar un diagnóstico de esta naturaleza.
Por ello, Nido para Ángeles también trabaja en la formación y fortalecimiento de las familias. Charlas educativas, capacitación para el emprendimiento, orientación psicológica y acompañamiento social forman parte de un programa diseñado para ayudarles a enfrentar los desafíos diarios con mayores herramientas y confianza.
A lo largo de estos años, Mónika asegura haber recibido grandes lecciones de los niños y sus familias. Destaca especialmente su capacidad para sonreír, mantener la esperanza y encontrar felicidad en los pequeños logros cotidianos. “Me han enseñado a agradecer las cosas pequeñas”, comenta, convencida de que muchas veces la verdadera felicidad se encuentra en aquello que suele pasar desapercibido.
Mirando hacia el futuro, su meta es clara: lograr una capacidad instalada que permita atender simultáneamente a 500 familias sin comprometer la calidad de los servicios. Un objetivo ambicioso que refleja su compromiso permanente con la inclusión y el bienestar de quienes más lo necesitan.
Su mensaje final para la sociedad es una invitación a construir un país más justo y empático. “Aunque no somos iguales, todos tenemos los mismos derechos y deberíamos tener las mismas oportunidades”, expresa. Una filosofía que resume la esencia de una mujer que ha decidió transformar la adversidad en una poderosa herramienta de cambio social.



