El artista dominicano Mario Dávalos, reconocido por su trayectoria pictórica y fotográfica marcada por profundas reflexiones sobre la relación entre la naturaleza, la identidad y la civilización, participará en una serie de eventos en Varsovia, Polonia, durante el mes de septiembre.
De la mano de Heliconia Projects, liderado por Nicole Bainov y Elsa Maldonado, Dávalos exhibirá una selección de sus pinturas en la prestigiosa feria de arte Hotel Warszawa, un encuentro internacional que reúne a artistas contemporáneos e importantes galerías a celebrarse del 5 al 7 de septiembre en Varsovia. Sus obras, caracterizadas por una expresividad simbólica que fusiona figuración y abstracción, reflejan las tensiones entre lo salvaje y lo artificial, la civilización y la simulación de espacios naturales.
Asimismo, como parte de su participación en la capital polaca, Mario Dávalos ofrecerá una charla en el exclusivo club de arte de Skanska, una de las empresas de construcción más grandes del mundo, donde compartirá con el público europeo sus reflexiones sobre el proceso creativo, la poiesis como eje de su práctica artística, y cómo su trabajo dialoga con su expediciones a través de algunos de los lugares más remotos del planeta.


Estos eventos representan un importante reconocimiento internacional para la obra de Dávalos, cuya trayectoria combina de manera orgánica la pintura, la fotografía y la consultoría estratégica. Más que disciplinas separadas, estas prácticas dialogan entre sí y le permiten abordar la cultura y la contemporaneidad desde múltiples ángulos: el lienzo como espacio simbólico, la cámara como registro del territorio y la consultoría como herramienta de pensamiento crítico y acción en el mundo real.
Mario es egresado de Bellas artes de Altos de Chavón (AAS) y Parsons School of Design (BFA), y tiene un maestría en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica de George Washingont University (GWU).
ENTREVISTA CON MARIO DÁVALOS
En conversación con Ritmo, Mario Dávalos comparte algunas ideas sobre su obra, su forma de ver el arte y lo que significa volver a mostrar su trabajo en un escenario internacional.
¿Qué significa para ti participar en la feria Hotel Warszawa?
Es una oportunidad de presentar mi trabajo a un público que no necesariamente comparte mi contexto cultural, pero que puede encontrar resonancia en las tensiones que exploro. Me interesa mucho observar cómo se leen mis símbolos y paisajes en otra latitud y como estas tensiones tienen el potencial de traspasar fronteras. Al final, la civilización y la naturaleza son mundos universales.
Tu obra suele moverse entre lo figurativo y lo abstracto, ¿cómo encuentras el equilibrio?
No busco un equilibrio exacto. Me atrae la ambigüedad, ese espacio donde lo reconocible se disuelve en lo intuitivo y donde la obra evidencia el acto del cuerpo. Pinto desde una pulsión interna que no responde tanto a una lógica técnica o a un destino predeterminado, como a una necesidad de exploración emocional e intelectual.


Muchos de tus temas giran en torno a la naturaleza, pero también hay una constante presencia del artificio. ¿A qué se debe esto?
Porque somos criaturas divididas entre la necesidad del entorno y la modificación del entorno. Nos atrae la naturaleza, pero la domesticamos. Vivimos rodeados de artificios, incluso cuando creemos escapar. Esa tensión está en el centro de lo que hago: una búsqueda de sentido en el cruce entre lo orgánico y lo fabricado; el remplazo de los espacios naturales por la civilización y la simulación de espacios naturales como sustitución de lo original.
Volviste a la pintura después de años dedicado a otros caminos. ¿Cómo fue ese regreso?
Fue un acto de reconciliación, de redención. Antes que todo, soy pintor y de esa manera exploro y comprendo el mundo. Pintar me obliga a enfrentarme a mí mismo sin atajos. Es un espacio donde todo lo que soy se vuelve visible, incluso lo que no entiendo aún. Volver a la pintura es volver a estar completo.
¿Y qué esperas del público polaco?
Me interesa más la conversación que se genere que la aprobación. El arte no contempla la audiencia como lo hace la comunicación comercial, pero a la vez tiene el potencial de sacudirnos de una manera primaria. Si una persona se detiene frente a una de mis obras y siente algo, ya sea inquietud, belleza o contradicción, entonces valió la pena. El arte no tiene que explicar nada, solo proponer preguntas.



