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Larissa García: «Trato de mantenerme conectada con las causas que me conmueven, apoyando cuando puedo y desde el lugar que me corresponde”


«Trabajar con niños me enseñó que muchas veces los gestos más sencillos pueden tener un impacto enorme”.

El Hogar Niñas de Dios ocupa un lugar especial en la vida de Larissa García. Inspirada por el legado de su madre, Clarissa Almánzar, continúa apoyando esta institución que brinda protección, amor y oportunidades a niñas  en situación de orfandad  y vulnerabilidad.


«Creo que la empatía no siempre implica estar involucrada en todo, sino aprender a estar presente de una manera genuina y sostenible».

Hay personas para quienes la solidaridad no es una elección ocasional, sino una forma de vivir. Larissa García Almánzar, hija de Clarissa Almánzar y Félix María García, pertenece a ese grupo de mujeres cuya vocación de servicio nació mucho antes de convertirse en una responsabilidad; nació en casa, entre el ejemplo silencioso de una familia que entendió que ayudar a los demás es una de las expresiones más nobles del amor.

Desde niña creció observando a su madre dedicar tiempo, esfuerzo y corazón al Hogar Niñas de Dios, en Santiago de los Caballeros, una institución que brinda refugio, protección y esperanza a niñas en situación de vulnerabilidad u orfandad. Allí se sembró una semilla que con los años echaría raíces profundas en su vida, la convicción de que ningún acto de generosidad es pequeño cuando tiene el poder de cambiar la historia de alguien.

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Larissa García: Fotografía: Alfredo Rodríguez

Educadora por profesión y por vocación, Larissa dedicó varios años a la educación inicial, una etapa en la que descubrió que proteger la niñez es mucho más que una labor profesional, es un compromiso con el futuro. Su cercanía con los niños fortaleció una sensibilidad que siempre había habitado en ella y que la impulsó a mirar más allá de las aulas, hacia las necesidades humanas que muchas veces permanecen invisibles. Su historia está profundamente ligada a los valores que recibió en el seno de una familia comprometida con el bienestar colectivo. El trabajo honesto, la empatía, la responsabilidad social y la capacidad de tender la mano a quien lo necesita se convirtieron en principios que han guiado cada una de sus decisiones.

Junto a su esposo, Maikel Guerrero, ha construido un hogar que representa el centro de su vida. Como madre de Jimena, Javier y Julia, encuentra cada día nuevas razones para creer en la importancia de formar seres humanos sensibles, conscientes y comprometidos con su entorno. La maternidad ha fortalecido aún más su capacidad de ponerse en el lugar de los demás y comprender las luchas, los sueños y las necesidades de quienes enfrentan situaciones difíciles.

RITMO: ¿Cómo nació su cercanía con el Hogar Niñas de Dios y qué la motivó a apoyar esta causa que su madre ha acompañado durante tantos años?

LARISSA GARCÍA: Mi cercanía con el Hogar Niñas de Dios nació a través de mi mamá, Clarissa Almánzar, quien ha dedicado muchos años de su vida a apoyar esta institución. Desde joven la vi involucrarse con amor y compromiso, y eso me permitió conocer de cerca la realidad de estas niñas y la importancia de brindarles oportunidades, acompañamiento y esperanza. Aunque no formo parte activa de la institución, es una causa que siento muy cercana al corazón porque representa valores con los que crecí: la solidaridad, la empatía y la importancia de tender la mano cuando podemos hacerlo. 

R: ¿Existe alguna experiencia personal que haya cambiado su manera de ver el servicio, la empatía o el compromiso con los demás? 

LG: Mi formación como educadora y mi experiencia en educación inicial marcaron mi forma de ver la vida. Trabajar con niños me enseñó que muchas veces los gestos más sencillos pueden tener un impacto enorme. También he tenido la oportunidad de colaborar con distintas iniciativas sociales y conocer historias que me han recordado que todos, desde nuestro espacio y nuestras posibilidades, podemos aportar algo valioso a la vida de los demás. 

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Larissa García: Fotografía: Alfredo Rodríguez

R: ¿Cuál considera que ha sido la enseñanza más valiosa que recibió de sus padres y que hoy sigue guiando sus decisiones? 

LG: De mis padres aprendí que el verdadero valor del trabajo está en generar oportunidades y devolver a la comunidad parte de lo mucho que recibimos. Crecí en una familia muy comprometida con Santiago y entendí desde pequeña que el privilegio también implica responsabilidad. Esa visión sigue guiando mis decisiones, tanto en lo personal como en la manera en que me relaciono con los demás.


“Recuerdo mi infancia con mucha felicidad. Crecí en una familia unida, con tradiciones muy bonitas y con la costumbre de sentarnos juntos a la mesa, compartir una buena comida y disfrutar del tiempo en familia”.

R: Aunque ahora mismo no está directamente trabajando en instituciones sociales, ha estado cerca de historias que invitan a la reflexión. ¿Cómo mantiene viva la empatía sin perder el equilibrio emocional? 

LG: Creo que la empatía no siempre implica estar involucrada en todo, sino aprender a estar presente de una manera genuina y sostenible. He entendido que para acompañar a otros también es importante cuidar de uno mismo, establecer límites sanos y aceptar que no siempre podemos resolverlo todo. Trato de mantenerme conectada con las causas que me conmueven, apoyando cuando puedo y desde el lugar que me corresponde, sin perder de vista el equilibrio emocional y familiar.

R: Más allá de los eventos y las iniciativas solidarias, ¿quién es Larissa García? ¿Cómo recuerda la infancia y el hogar que moldearon sus valores? 

LG: Larissa es esposa y mamá de tres jóvenes maravillosos: Jimena, Javier y Julia, quienes son mi mayor inspiración, mi mayor alegría y el centro de mi vida. Soy una persona que disfruta profundamente su hogar, pero también le encanta salir, viajar y compartir con la gente que quiere. Disfruto muchísimo estar con mis hijos, con mi familia y mis amigos. Me encanta recibir personas, organizar una linda mesa, cocinar con mi esposo, cuidar los detalles y hacer que quienes llegan a mi casa se sientan queridos, bienvenidos y como en la suya. Recuerdo mi infancia con mucha felicidad. Crecí en una familia unida, con tradiciones muy bonitas y con la costumbre de sentarnos juntos a la mesa, compartir una buena comida y disfrutar del tiempo en familia. De pequeña, los sábados eran en casa de mi abuela y los domingos alrededor de la mesa de mis padres, una tradición que continúa hasta hoy con una familia ampliada de cuatro hijos y trece nietos. De mi mamá y de mi abuela heredé el gusto por los detalles, por recibir con cariño y por hacer sentir especiales a los demás. Me encantan las cosas bonitas y cuidar cada detalle. Disfruto organizar todo antes de que lleguen mis invitados; pero una vez están en casa, me olvido de todo y simplemente me dedico a disfrutar con ellos.

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Larissa García: Fotografía: Alfredo Rodríguez

R:¿Hubo alguna enseñanza de sus padres o de algún familiar que hoy siga guiando cada una de las decisiones que toma dentro de su vida personal?

LG: Sin duda, la enseñanza más importante que recibí fue entender que los valores se viven todos los días: el valor del trabajo constante, la responsabilidad y la importancia de actuar siempre con empatía y respeto hacia los demás. Mi papá siempre nos repetía una frase que se ha quedado conmigo: “El que hace su tarea pasa de curso”. Con ella nos enseñó que las cosas requieren esfuerzo, constancia y compromiso, y que nada valioso llega por casualidad. También recuerdo un consejo de un tío que trato de poner en práctica cada día: preguntarme antes de dormir: “¿A quién ayudé hoy?”. Y ayudar no siempre significa hacer grandes cosas. A veces es regalar una sonrisa, tener un gesto amable, escuchar a alguien o tender una mano en el momento oportuno. Creo que son esos pequeños actos los que, al final, construyen una vida con propósito y nos convierten en mejores personas. 

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Larissa García en el Hogar Niñas de Dios Fotografía: Alfredo Rodríguez

R: Más allá de los logros, los eventos o las causas que ha apoyado, ¿cómo le gustaría ser recordada?

LG: Me gustaría ser recordada como una persona alegre, atenta, cariñosa y detallista. Como alguien que disfruta reunir a su familia y a sus amigos, crear momentos especiales y hacer sentir bien a quienes la rodean. Quisiera que las personas me recordaran por mi cariño, mi capacidad de escuchar y mi deseo genuino de hacer sentir a los demás queridos, cómodos y bienvenidos. Me encantaría que quienes compartieron conmigo conservaran siempre la sensación de haberse sentido como en casa. 

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Larissa García en el Hogar Niñas de Dios Fotografía: Alfredo Rodríguez

R: Desde su rol como madre y la cercanía que ha tenido con distintas causas sociales, ¿qué ha aprendido sobre el impacto que puede tener el acompañamiento en la vida de una persona? 

LG: Ser mamá es, sin duda, una de las experiencias más importantes de mi vida. Me ha enseñado el valor de estar presente, de escuchar y de entender que, muchas veces, lo que más necesita una persona es sentirse acompañada y saber que alguien cree en ella. Siempre he sentido una conexión muy especial con las causas relacionadas con niños y jóvenes. He aprendido que una palabra de aliento, una oportunidad o simplemente dedicar tiempo pueden marcar una gran diferencia. Acompañar va mucho más allá de brindar ayuda material. A veces significa sentarse con alguien a hacer una tarea, motivarlo a seguir adelante o ayudarle a descubrir todo su potencial. Creo profundamente que sentirnos vistos, escuchados y apoyados puede cambiar la manera en que enfrentamos la vida y abrir caminos que quizá antes parecían imposibles.

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Larissa García en el Hogar Niñas de Dios Fotografía: Alfredo Rodríguez

R:¿Qué le gustaría que su familia dijera de usted cuando habla de Larissa, la persona que existe detrás de los eventos, las recaudaciones y el trabajo social? 

LG: Me gustaría que mi familia dijera que fui una persona presente, cariñosa y auténtica. Que, más allá de cualquier evento o actividad, siempre estuve ahí para ellos. Espero que me recuerden como alguien que disfrutaba reunir a la familia, crear momentos especiales y hacer sentir queridos a quienes la rodeaban. Como una mujer alegre, detallista y cercana, que encontraba felicidad en las cosas sencillas: una conversación alrededor de la mesa, una buena comida, un viaje en familia o una tarde en el patio, descalza, haciendo grounding y disfrutando de su hogar. Pero, sobre todo, me gustaría que mis hijos sintieran que fui una mamá que los amó, los acompañó, los escuchó y los apoyó incondicionalmente en cada etapa de sus vidas. 


“Sin duda, la enseñanza más importante que recibí fue entender que los valores se viven todos los días: el valor del trabajo constante, la responsabilidad y la importancia de actuar siempre con empatía y respeto hacia los demás”.

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R: A partir de su experiencia colaborando y aportando su tiempo a distintas causas sociales y solidarias, ¿qué consejo le daría a las personas que desean contribuir con su granito de arena a la sociedad y no saben cómo involucrarse o empezar?

LG: Mi consejo sería empezar por algo sencillo, porque ayudar no siempre requiere grandes recursos ni es necesario pertenecer a una fundación o formar parte de un voluntariado. Si puedes hacerlo, maravilloso, pero cualquier gesto que contribuya al bienestar de otra persona cuenta. Recuerdo una vez que me regalaron varias sandías y pensé que podía hacer algo bonito con ellas. Decidí llevarlas al Hogar Niñas de Dios y pasamos una tarde muy especial. Hablamos sobre la importancia de una buena alimentación, identificamos colores, contamos los pedazos de fruta y compartimos una merienda juntas. Fue un gesto simple, pero ver la alegría de las niñas me recordó que cualquier momento puede convertirse en una oportunidad para acompañar y aportar. No todos tenemos las mismas posibilidades ni el mismo tiempo disponible, y eso está bien. Si no podemos ayudar económicamente, siempre podemos aportar nuestro tiempo, nuestros conocimientos o simplemente nuestra disposición para estar presentes cuando alguien nos necesita. Lo importante es entender que siempre hay una manera de ayudar. 

Larrisa García

Confesiones Íntimas

Un lugar…

Florencia.

Una persona que me inspira…

Mi padre.

Un libro…

“El niño sin”, de Dave Pelzer.

Una pintura…

“Las meninas”.

Una canción…

“Me lo merezco”, de Elena Rose.

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