Texto Nathalie Hernández fotos: José Luis Castillo
Artista innato y por herencia, eso es Julio Llort. ¿Una fecha especifica en la que zarpó en hacia el fascinante universo del arte? Desde su concepción. Y a partir de entonces, ha tocado diversos y disimiles ámbitos del existir, tanto en dibujo como en pintura. No es un artista enmarcado, que sigue siempre una misma línea, no, para nada. Sus obras son desencajonadas.
Poemas visuales son las obras de este gran artista. Así lo afirma doña Marianne de Tolentino, quien hurgando entre los baúles de este poeta del pincel, encontró a un artista “desconocido”, encontró a “El otro Julio Llort”. En esa búsqueda, se encontró a otro Julio, uno que conservaba estilos y facetas ocultas a los ojos de quienes aman el arte, de quienes siguen y admiran la labor de este artistas; las obras que dan nombre a su recién clausurada exposición de la Galería Nacional de Bellas Artes. En esta nos mostró un pincel y técnicas diversas en el amplio sentido de la palabra.
Para lograr la diversidad, quizás sin proponérselo, Julio Llort abordó una máquina del tiempo que, lo lleva al mundo clásico de la pintura, pero que además lo trae al presente y lo convierte en un verdadero amante de lo moderno y al futuro para adaptar técnicas que serán quizás, las que predominen en el futuro. Esto que trato de explicar, fue visible en la citada exposición, una muestra que recoge la vida y obra de este pintor, dibujante y restaurador experimentado. Sus bodegones, paisajes, la belleza del mar en sus diferentes estados, la seducción que existe en sus desnudos femeninos, sus retratos… le hacen merecer el título de diverso.
Tal y como afirma de Tolentino, Llort es dueño de una gran gallardía y dignidad, las que plasma en cada una de sus producciones, visible también en las decenas de retratos que ha lo largo de su trayecto ha llevado hasta las telas, protagonizadas por presidentes de la República, del Country Club y personalidades de diversas esferas.