Fotos: Julio César Peña
Ser padre en diferentes etapas de la vida supone descubrirse dos veces. Así lo expresa José Guillermo, actor, comunicador y uno de los talentos más carismáticos del entretenimiento dominicano, quien ha amado la paternidad desde dos miradas distintas: la juventud que experimenta y la madurez que comprende. Con una carrera que demanda tiempo, viajes y transformaciones constantes, asegura que su esencia no cambia: “Mi trabajo es solo eso, un trabajo. En mi casa soy José Guillermo”.
Los valores que sostienen su hogar
Hoy, con dos hijas, una de 24 años y otra de 7, habla de un ciclo que se renueva y de cómo cada experiencia le ha permitido crecer y ser mejor. Su primera paternidad lo encontró en una etapa más ligera, sin la conciencia completa de lo que implica ser modelo de vida para alguien. Con su segunda hija, la madurez lo llevó a entender que todo gesto educa: desde la forma en que se enfrenta un problema hasta el modo en que se ama.
Lo aprendido tiene raíces sólidas: sus padres llevan más de 60 años de casados, ejemplo vivo de la fuerza de la unión y la comunicación. “En mi casa nunca vi peleas ni gritos; me enseñaron que todo puede resolverse hablando”, cuenta. Por eso tiene claro cuál es el verdadero centro: la familia como refugio inquebrantable. “Puede haber gente fuera que no esté de acuerdo contigo o no te quiera, pero en tu casa nunca pasará eso”. Con una sonrisa nos habla de su relación con sus hermanos: “Yo siento que mi papá y mi mamá se preocuparon mucho porque nosotros tuviéramos una familia de verdad, o sea, mis hermanos son mis mejores amigos elegidos por Dios”.
Gracias a esta escuela de amor y estabilidad, ha creado un entorno seguro para sus hijas, permitiendo que se mantenga una relación cercana y natural. Se enorgullece de ver cómo la mayor se involucra de forma activa en la vida de la pequeña, cultivando la complicidad entre hermanas sin forzarla. “Eso me encanta: ver que la familia se da, se conecta sola”.


El arte de equilibrar la vida pública y la privada
Aunque su profesión puede absorberlo por semanas enteras, José Guillermo ha encontrado el equilibrio, apoyándose en una dinámica familiar funcional y comprometida. Dominique, su esposa, trabaja también en el medio artístico, específicamente en producción, esto les permite entender el ritmo del otro y diseñar una mecánica que prioriza la presencia parental: si uno está trabajando, el otro se asegura de estar con su hija. “Siempre tenemos que estar, de alguna manera, uno de los dos presente con ella”.
Hoy, al mirar adelante, apuesta a que sus hijas siempre tengan claro los valores que trascienden generaciones: amor, respeto, empatía y responsabilidad afectiva. Por eso tiene un consejo claro para quienes están a punto de iniciar su viaje en la paternidad: “Si tienes una hija, trata a tu esposa como quieres que otro hombre trate a tu pequeña en el futuro. Si es un hijo, enséñale a respetar a la mujer y muéstrale el valor que tiene su madre para que jamás abuse de una dama”.



