Nunca antes habíamos prestado tanta atención al cuidado de la piel. Graciela Galva nos cuenta que hoy leemos etiquetas, buscamos ingredientes como retinol, vitamina C o ácidos exfoliantes y seguimos rutinas inspiradas en redes sociales con la esperanza de conseguir una piel perfecta. Sin embargo, esta obsesión por el Skincare también ha traído un problema cada vez más frecuente: el exceso.
Para la dermatóloga Graciela Glava, el mayor riesgo no está en los llamados “químicos”, sino en el uso indiscriminado de productos sin la orientación adecuada.
“La mayoría de los pacientes que vemos con la barrera cutánea alterada no llegaron allí por un ingrediente específico, sino por combinar demasiados activos al mismo tiempo”, explica. Retinoides, ácidos exfoliantes, vitamina C y otros componentes pueden ofrecer grandes beneficios, pero utilizarlos simultáneamente o en concentraciones inadecuadas puede provocar enrojecimiento, ardor, descamación y una piel cada vez más sensible.
La especialista insiste en una idea que parece sencilla, pero que muchos olvidan: menos también puede ser más.
Uno de los errores más comunes es creer que todos los ingredientes químicos son perjudiciales. Glava aclara que esa afirmación carece de base científica. Si bien algunas fragancias pueden desencadenar dermatitis alérgica y determinados conservantes o sulfatos pueden resultar irritantes en personas predispuestas, esto no significa que deban eliminarse por completo de cualquier rutina.
Otro aspecto que suele generar confusión es la diferencia entre una irritación y una reacción alérgica. La irritación aparece generalmente desde las primeras aplicaciones de ingredientes potentes como los retinoides o los ácidos y se manifiesta con ardor, resequedad o descamación. En muchos casos forma parte del proceso de adaptación de la piel y desaparece con un uso adecuado.


La dermatitis alérgica, por el contrario, es una respuesta del sistema inmunológico que puede desarrollarse incluso después de meses o años utilizando un mismo producto. Sus síntomas incluyen picazón intensa, inflamación, enrojecimiento e incluso pequeñas ampollas.
Respecto a la idea de una supuesta “intoxicación por acumulación de químicos”, Glava es categórica: no existe evidencia científica que respalde esa teoría cuando se trata de cosméticos aprobados para uso humano y utilizados correctamente.
La piel también sabe avisar cuando algo no está funcionando. Ardor persistente, sensibilidad excesiva, resequedad, descamación o eccemas alrededor de los ojos y la boca suelen ser señales de que la barrera cutánea se encuentra comprometida y necesita atención profesional.
Otro mito ampliamente difundido es que los productos naturales siempre son más seguros. “Muchos de los alérgenos más frecuentes provienen precisamente de plantas y aceites esenciales como el árbol de té, la lavanda o algunos cítricos”. Para Glava, el origen del ingrediente es mucho menos importante que la evidencia científica, la concentración y su seguridad para cada paciente.
También aclara que, con la información disponible hasta el momento, una rutina cosmética convencional no ha demostrado producir alteraciones endocrinas clínicamente relevantes. Aunque algunos ingredientes continúan siendo estudiados, las concentraciones presentes en los cosméticos autorizados son bajas y están reguladas por organismos internacionales que actualizan constantemente sus estándares de seguridad.
Para la dermatóloga, el verdadero desafío consiste en aprender a utilizar los productos correctamente. La automedicación, las rutinas excesivas y la información sin respaldo científico representan un riesgo mayor que los ingredientes en sí.
Su recomendación final resume una nueva forma de entender el cuidado de la piel: simplificar, personalizar y consultar siempre con un especialista antes de dejarse llevar por las tendencias.
Al final, una piel saludable no depende de la cantidad de productos que utilizamos, sino de elegir los adecuados para respetar su equilibrio natural.



