InicioEntrevistasThe Charging Bull of Wall Street: El toro de la fortuna

The Charging Bull of Wall Street: El toro de la fortuna

Existen obras de arte que nacen en museos, en galerías iluminadas, bajo el aplauso de críticos, mientras que otras llegan de noche, en la caja de un camión, sin permiso de nadie. Esta obra de arte, (The charging Bull) en bronce pertenece a la segunda categoría, razón por la cual se ha convertido en algo inmortal.

Arturo Di Modica, un escultor italiano que llegó a Nueva York sin recursos económicos y vivía del día a día en los años setenta, colocó su obra frente al edificio de la Bolsa de Valores el 15 de diciembre de 1989: un toro de tres mil doscientos kilos en bronce, de unos 3,4 metros de alto. Di Modica le hizo un regalo a la ciudad en mitad de la noche y le costó unos 360,000 dólares de sus propios ahorros.

Charging Bull NYC esculture

El gesto de Di Modica

Para entender el gesto de Di Modica hay que retroceder dos años. El 19 de octubre de 1987, el índice Dow Jones se desplomó un 22 % en un solo día, conocido como el Lunes Negro, la peor caída bursátil desde 1929. El pánico fue global, por lo que la confianza era un lujo que nadie podía permitirse. Di Modica, que debía todo a la tierra que lo había adoptado, decidió responder no con palabras, sino con metal.

La policía retiró la escultura horas después de su instalación. Pero la ciudad ya la había visto. Y no estaba dispuesta a soltarla. La presión popular fue tal que las autoridades cedieron el espacio y el toro encontró su hogar permanente en Bowling Green Park, a pocos pasos de Wall Street, donde ha permanecido desde entonces.

Hoy en día, junto a las famosas escaleras rojas de Times Square y el puente de Brooklyn, es uno de los lugares icónicos y más visitados de la Gran Manzana.

La escultura no solo es de monumental tamaño, sino que es precisa en su poética. La cabeza agachada, las fosas nasales abiertas, el pie derecho apuntando hacia la Bolsa: todo en el toro sugiere movimiento inminente, energía contenida a punto de liberarse. En el vocabulario financiero, un mercado bullishes un mercado que sube, que avanza, que no se detiene.

Pero la escultura tiene una capa más, casi mítica, pues por la ciudad corre el rumor de que tocar sus cuernos o sus atributos trae fortuna. Cada día, miles de turistas de todo el mundo esperan su turno para posar junto al toro y rozar el bronce con la palma de la mano, como si el metal guardara algo del espíritu que Di Modica quiso darle: fuerza, resiliencia, la certeza de que lo que cae puede volver a levantarse.

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La controversia que lo hizo más grande

En 2017, una firma de inversión instaló frente al toro la figura de una niña de bronce desafiándolo, brazos en jarra, sin miedo en la mirada: la Fearless Girl. El debate fue inmediato y férreo. ¿El toro era un símbolo de optimismo democrático o el emblema de una economía excluyente y masculina? Di Modica protestó: su toro había nacido para el pueblo, no para ser resignificado por una campaña corporativa.

La tensión no se resolvió; al contrario, se sedimentó. Y en esa sedimentación, el Charging Bullganó algo que pocas obras de arte logran: convertirse en un espejo. En él, cada uno ve lo que teme, lo que desea o lo que combate. Para unos, es la promesa del ascenso. Para otros, la imagen del sistema que los excluye. Para todos, es inevitablemente poderoso.

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