Fotografía: Pedro Genaro Rodríguez
En el corazón de la Ciudad Colonial, donde la historia dialoga con el presente, José Julio “Cuqui” Mejía se consolidó como una de las figuras más representativas de la gastronomía dominicana contemporánea. Empresario visionario y anfitrión por vocación, fue el alma detrás del emblemático Mesón de Bari (junto a su esposa Marisol). Fue y es un espacio que trasciende su condición de restaurante para convertirse en punto de referencia cultural y social.
Cuqui no solo administraba un negocio; cultivaba una experiencia. Con una mezcla de disciplina, carisma y profundo respeto por la cocina criolla, logró posicionar el Mesón de Bari como un bastión del sabor tradicional dominicano. Su propuesta defendía los ingredientes locales y las recetas heredadas, pero también incorporaba una mirada contemporánea que elevaba cada plato sin despojarlo de su identidad.
Quienes lo conocieron coinciden en que su mayor talento estaba en los detalles. Observador y cercano, recorría el salón con naturalidad, atento a cada mesa, asegurándose de que la experiencia fuera impecable. Su estilo de liderazgo combinaba exigencia y calidez, formando equipos comprometidos con la excelencia y el servicio.
Más allá de los fogones, Cuqui Mejía entendía la gastronomía como una herramienta de proyección país. Su restaurante fue escenario de encuentros empresariales, celebraciones familiares y visitas internacionales que encontraban allí una muestra auténtica de hospitalidad dominicana, convirtiendo el Mesón de Bari en una parada obligatoria para quienes deseaban conocer la esencia culinaria de la Ciudad Colonial.
Hablar de José Julio “Cuqui” Mejía es hablar de un hombre que hizo del buen comer un acto cultural. Su nombre quedó ligado a una manera de entender la restauración: con identidad, constancia y orgullo por lo nuestro. En cada mesa servida y en cada comensal satisfecho, permanece la huella de su visión y al día de hoy su familia mantiene vivo este legado.



