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Manuel Luna: “El tiempo con mis hijos es innegociable; en mi agenda, vale tanto como una reunión con el presidente”

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Para Manuel Luna, ser padre no solo transformó su vida personal, sino que redefinió por completo su visión profesional. Para él, la paternidad no es una responsabilidad más en la agenda, sino el eje que da sentido a cada una de sus decisiones, tanto en lo laboral como en lo humano. Desde que fundó su agencia de comunicación en 2016, su motor ha sido el deseo de construir un mundo mejor para sus hijos, de dejarles no solo una carrera exitosa, sino un legado ético, emocional y vital. Porque para él, la verdadera realización –según sus palabras– no se mide por sus logros acumulados, sino por los valores que se siembran en casa.


En un mundo donde el tiempo parece un recurso cada vez más escaso, él ha aprendido a blindar lo esencial: sus llamados #MomentosConPapá. No se trata solamente de estar presente por estar, sino de entregarse con intención, con amor y con estructura. Cada encuentro con sus hijos está marcado en su agenda con el mismo rigor que una cita presidencial. Y en esos espacios innegociables no hay pantallas, ni distracciones, solo vivencias genuinas: preparar el desayuno, compartir una oración, ver un partido, abrazar sin prisa. Así cultiva la felicidad diaria, esa que no depende de circunstancias externas, sino de la elección de vivir con gratitud, propósito y ternura.

“Disfruto enormemente esta bendición de poder ser padre de dos hijos extraordinarios que me llenan el alma y me cambiaron por completo”.

Ritmo: Su carrera ha estado marcada por la comunicación y el liderazgo. ¿Cómo ha cambiado su visión profesional desde que se convirtió en padre?

Manuel Luna: Mi vida en sentido general, no solo en la profesional, cambió en el momento en que me convertí en padre. El momento más feliz de mi vida fue cuando sucedió. Inclusive, la decisión de emprender en 2016, cuando fundé TIMM, fue impulsada por el hecho de que mi vida había cambiado. Así que disfruto enormemente esta bendición de poder ser padre de dos hijos extraordinarios que me llenan el alma y me cambiaron por completo; sobre todo desde el punto de vista de que ahora todo lo que hago, profesional o no profesional, es pensando en ellos y el mundo que les dejo a ellos.

R: Como comunicador, empresario y padre, ¿cómo logra equilibrar la exigencia de sus múltiples roles sin descuidar lo esencial?

Manuel Luna: Organización de agenda. Llevo mi calendario organizado, inclusive para el tiempo que le dedico a mis hijos; si hay un partido de Montserrat, o un evento de Marko Tulio, eso está separado en mi agenda como si fuera una reunión con el presidente de la República. Mi hija vivió 6 años en Nueva York con su madre y su padrastro, y yo me programaba para ir todos los meses y ese fin de semana que yo estaba con ella, podía llamarme el jefe más jefe de todos los jefes, y no había espacio para nadie, excepto para mi hija, porque el tiempo esencial, como bien mencionaste en tu pregunta, es innegociable. Ese equilibrio entre mis múltiples roles y poder ejercer el de papá, yo lo bauticé como #MomentosConPapá… Y ahí es solo tiempo para mis hijos conmigo.

R: La felicidad y la autorrealización son dos pilares que menciona como guías en su vida. ¿Cómo cultiva estos valores en su hogar y con sus hijos?

Manuel Luna: La felicidad es el centro de mi vida desde los 14 años por ahí. Yo siempre me despierto cada mañana con la determinación de ser feliz. Y eso no depende de nadie. Solo uno mismo puede decidir y crear su felicidad. Desde chiquitos, les voy tratando de inculcar eso a Montse y Marko para que entiendan que somos privilegiados y que hay que ser felices hoy, con lo que tenemos, porque mañana no sabemos. Y no hay que amargarse por lo que uno quiere tener o le falta, sino dar gracias por lo que tenemos y amar con intensidad cada día, en el sentido más amplio de la palabra, pues eso da a uno y brinda al otro felicidad.

R: En un mundo tan acelerado, ¿qué importancia le da a la presencia real, al tiempo de calidad con la familia y que actividades son las que más le gusta hacer con ellos? 

Manuel Luna: Es que lo más importante es poder darle tiempo de calidad. Es mejor tiempo de calidad una vez al mes, un fin de semana, que ver a mis hijos todos los días y que cada cual esté en su pantalla y sin integración. Yo disfruto prepararles todos los días el desayuno cuando estamos juntos, que vivan experiencias por primera vez conmigo, que recen conmigo. En fin, si nos dejamos llevar de “lo acelerado que va el mundo”, sería simplemente poner una excusa para no dedicarle el tiempo que los niños se merecen de sus padres.

R: ¿Qué le enseña a sus hijos sobre la vida que ninguna universidad ni experiencia profesional puede enseñarles? 

Manuel Luna: “Do good and good will come to you”. Ser buenos seres humanos, ser felices y agradecidos. La universidad le enseña la felicidad según Aristóteles; pero la felicidad plena está dentro de uno y rodeados de los que amamos. Y cuando tú haces el bien, el bien vuelve a ti. Es ese círculo virtuoso del bien que te ayuda a vivir una vida feliz.

R: Dirige una agencia de comunicaciones, colabora en causas deportivas y ahora vinculado al sector aéreo. ¿Qué le motiva a mantener ese ritmo y qué límites aprendió a poner? 

Manuel Luna: Yo aprendí de mis padres que nada llega solo, que hay que
trabajar duro para lograr las cosas que uno quiere en la vida. Mi hermano falleció cuando yo tenía 11 años, de repente, y eso me enseñó muy temprano que la vida es un momento, y que hay que aprovechar el hoy.Vivo intensamente el hoy, y el único límite es no poner en riesgo calculado el mañana. Estoy acostumbrado a este ritmo porque, desde mi primer trabajo a los 18 años, es el único que conozco y soy muy feliz haciendo lo que hago; me apasiona la comunicación, vivo el deporte y la aviación es mi pasión más profunda.

R: Ha representado a figuras como David Ortiz y ha liderado proyectos deportivos claves. ¿Cómo influyen esos logros en la manera en que desea que sus hijos lo recuerden? 

Manuel Luna: Si tú supieras que el deporte, para mí, es de las actividades vitales de la vida para la formación del ser humano. Montserrat, desde chiquita, ha hecho todo tipo de deportes y ahora sueña con ser una reina del Caribe en voleibol; y a Marko Tulio ya le gusta ir al campo de golf a hacer swings con palos plásticos. Yo creo que el deporte es de las actividades que más enseña a los niños y jóvenes que, con trabajo y sacrificio, se logran los resultados, y que nada es gratis. Tú mencionaste a David, y mira como David pasó las mil y una en Minnesota, pero siguió trabajando hasta lograr ser un héroe en Boston; pero a David no le regalaron nada, se lo ganó, y ahora en su vida posdeportiva sigue “fajao” en proyectos, en televisión y me siento honrado de estar junto a él con el proyecto del Ron Ozama.
Montserrat ha tenido el privilegio de vivir de cerca el deporte junto a mí, de conocer a los grandes atletas olímpicos dominicanos, y mi aspiración es que esas experiencias la hagan un ser más noble, más humano y luchador por un mejor futuro para ella y el país.

R: Desde su perspectiva, ¿cuál es el rol de un padre presente en la formación de una nueva generación de líderes? 

Manuel Luna: Yo creo que los roles hoy en día de madre y padre se compenetran más que antes, cuando el rol del padre era más de proveedor. Un padre presente ayuda en la seguridad de los hijos, en que su círculo de amor esté completo, y que vivamos con un enfoque de mayor equidad entre los roles de papá y mamá.

R: Dicen que el deporte enseña valores que el aula no puede. ¿Qué valores del deporte le han servido como padre y líder?

Manuel Luna: La lucha contra la adversidad para lograr el éxito. Yo lo he vivido en primera persona con los atletas olímpicos y paralímpicos dominicanos y ese espíritu de superación y de liderazgo en cada una de sus disciplinas es algo que no se aprende en un aula.

R: Si sus hijos leyeran esta entrevista dentro de 20 años, ¿qué mensaje le gustaría que encontraran entre líneas? 

Manuel Luna: Ser buenos seres humanos es el mejor camino hacia la felicidad y el mejor legado que les podemos dejar a nuestros hijos y nietos. Me siento orgulloso de mis abuelos y de mis padres; y ninguno dejó un gran legado en materia de patrimonio en República Dominicana; sin embargo, su legado humano y de bien es enorme. La gente que a lo largo de mi vida me ha hablado de Barbarita y Salvador Sued solo ha sido para decirme de todas las ayudas y amor que daban a todos a su alrededor; la gente que me ha hablado de Luis Luna y Piedad Pichardo es para decirme cómo mi abuelo ayudó en su vida o cómo era el hombre más encantador del mundo, o una anécdota de gratitud hacia mi abuela. ¿Y de mis padres? ¡Ufff!, necesitaría tres páginas más: mi mamá era la tía Íngrid de “to’ el mundo” en Santiago y todos la amaban y siguen amando, y de mi papá solo recibo anécdotas de bien, de hacer lo correcto y de calidez humana. Así que lo que yo quisiera es que mis hijos en 20 años tengan un mensaje de bien, ya que a través del bien es la mejor manera de dejar un legado y trascender en el mundo terrenal, y para mí que soy creyente, es la mejor manera de trascender hacia una mejor vida.

La historia de Manuel Luna no es solo la de un profesional exitoso, ni la de un apasionado por la comunicación, el deporte y la aviación. Es, sobre todo, la historia de un padre que ha entendido que el verdadero legado no se deja en los títulos ni en los premios, sino en las almas que uno toca. Si mis hijos algún día leen estas palabras, encontrarán entre líneas una filosofía clara: hacer el bien, vivir con intensidad, ser feliz con lo que se tiene, y comprender que el amor –en sus múltiples formas– es el cimiento de una vida plena y trascendente.

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Ismalay Liranzo
Ismalay Liranzo
Una muchachita vieja que le encanta escribir historias.
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