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Nadine Ghosn

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Hay joyas que brillan… y luego están las de Nadine Ghosn, que también abren el apetito. Esta diseñadora libanesa-brasileña, criada entre Tokio y Nueva York, decidió que el lujo necesitaba una pizca de humor y una buena dosis de imaginación. Su marca, Nadine Ghosn Fine Jewelry, se ha convertido en un fenómeno entre los amantes del arte, la moda y, curiosamente, la gastronomía.

Todo comenzó con una hamburguesa. Sí, una hamburguesa. Su pieza más icónica, el “Burger Ring”, no solo es un anillo, es una obra maestra en miniatura: pan de oro amarillo, carne de diamantes marrones, lechuga de tsavoritas verdes, queso de zafiros amarillos y hasta una rodaja de rubí simulando el tomate. Un festín visual que redefine lo que entendemos por alta joyería.

Pero Nadine no se detuvo ahí. En su universo, los objetos cotidianos cobran vida con brillo y actitud. Hay pendientes en forma de banana, collares con candados baguette, anillos que imitan un clip de papel y hasta piezas inspiradas en auriculares o relojes de pulsera, todos transformados con oro y piedras preciosas. Su secreto está en encontrar belleza en lo común, ironía en lo serio y diversión en lo lujoso.

Las joyas de Ghosn

Lo que hace especial su trabajo no es solo la estética, sino la filosofía detrás: Nadine Ghosn celebra la autenticidad y el placer de no tomarse el lujo tan en serio. Cada joya es una conversación, una sonrisa, un recordatorio de que la moda también puede jugar. En un mundo donde las joyas suelen hablar de estatus, las suyas hablan de estilo con sentido del humor.

Sus colecciones –desde “Too Much” hasta “Life is a Joke”– reflejan esa actitud desenfadada, pop y glamurosa que ha conquistado a figuras como Beyoncé, Karl Lagerfeld y Pharrell Williams. Son piezas que combinan la perfección artesanal con una estética millennial y vibrante, demostrando que la joyería contemporánea puede ser, a la vez, arte y diversión.

Entre diamantes que parecen panecillos y zafiros con forma de queso derretido, Nadine Ghosn logró convertir lo efímero en eterno. Su mensaje es claro: el lujo no tiene por qué ser solemne, puede ser delicioso, ingenioso y con un toque de humor. Porque al final, nada brilla tanto como una joya que también te saca una sonrisa

La moda y la gastronomía siempre han compartido un mismo lenguaje: el del deseo. Ambas apelan a los sentidos, a la textura, al color y al placer instantáneo. En ese punto dorado entre el lujo y la risa aparece Nadine Ghosn, quien transforma hamburguesas en anillos, donuts en pendientes y pan baguette en collares de oro. Su joyería no solo adorna, sino que celebra lo cotidiano, lo delicioso y lo imperfecto. En su universo, la moda se saborea y la joya se convierte en un bocado de estilo irresistible. 

Maria Amelia Cerón Victoria

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