Fotografía: Silverio Vidal
Arquitectura, investigación y docencia se entrelazan en la vida de Jesús D’Alessandro, un explorador incansable del conocimiento. Desde sus primeros años, su curiosidad lo llevó por caminos diversos: fue ayudante de entomólogo y guía en el Museo Nacional de Historia Natural, donde participó en el desentierro del cráneo de un cachalote que aún recibe a los visitantes en la entrada del museo. También trabajó ensamblando computadoras y reparando objetos en casa. “En la arquitectura encontré un campo de intersección donde podía incorporar muchas de mis inquietudes y ayudar a elevar la calidad de vida de las personas a través del diseño”, explica.
Su incursión en la docencia surgió durante sus años de formación en Japón, cuando su profesor lo invitó a ser Teaching Assistant. Aquella experiencia transformó su visión sobre el aprendizaje: “Hasta ese momento conocía el servicio a los demás desde la óptica de un ayudante útil, pero descubrí que podía contribuir a que alguien aprenda algo que cambie su vida y la de su familia. Enseñar es así de importante y apasionante, y así de serio”, afirma con convicción.
Hoy, D’Alessandro dirige la carrera de Arquitectura en la Universidad Iberoamericana (UNIBE), aunque asegura que no lo buscó deliberadamente. “No tenía una meta en esa dirección; me preparaba de manera general para trabajar en el liderazgo de instituciones de educación superior, cursando un Ph. D. en Western Michigan University”, comenta, destacando la iniciativa de la rectora, doctora Odile Camilo, en impulsar esta formación.
Para él, la creatividad no es un acto puntual, sino una manera de vivir. “Se administra, a veces se padece y siempre se disfruta. No sirve de nada sin trabajo duro y es peligrosa sin valores”, sostiene. En su visión, la verdadera creatividad nace de encontrar nuevos ángulos a los problemas sin desconectarse de las necesidades humanas, el contexto ambiental y la economía.
Cuando se le pregunta qué considera esencial para formar arquitectos competitivos, su respuesta es contundente: valores, pasión y humildad para aprender. “¿Contratarías a un genio que te diga que no tiene valores? Las grandes oportunidades llegan muchas veces por la integridad y no por los años de experiencia. La pasión permite superar el cansancio, y ser enseñable te hace crecer enormemente”, asegura.


Nos comenta que se está observando una transformación profunda en la arquitectura contemporánea ante los desafíos del cambio climático. “Hoy, los edificios pueden ser generadores de electricidad, purificadores de aire o mitigadores de ruido. Las personas esperan más de nosotros, y las nuevas tecnologías lo hacen posible. Esto impulsa una concepción del diseño más consciente e interconectada con otros campos”, explica.
Su labor en UNIBE combina investigación, docencia y liderazgo institucional. “Me alegra abrir camino en el área de investigación y desarrollo en arquitectura. Ya son dos patentes concedidas y una tercera en proceso”, comenta. Desde la dirección de la carrera, promueve una gestión participativa y horizontal, orientada al crecimiento colectivo. “Es un honor servir a los estudiantes, profesores y al equipo administrativo, trabajando junto a ellos e impulsando una estrategia de internacionalización que fortalece a todos”.
Con humildad, rehúye la idea de una contribución individual al desarrollo de la arquitectura dominicana. “Más que una aportación propia, me alegra servir a un equipo de grandes seres humanos que forman cada día a la generación que pronto hará los cambios necesarios”, concluye con gratitud.



