Fotos: Silverio Vidal
Cuando Javier Bergón recuerda los primeros años de vida de su hijo Mario, los describe sin rodeos como “horrorosos”. Su pequeño nació con dificultades motoras y un retraso cognitivo que afectaba su desarrollo, “era una sensación de desasosiego, porque no sabes cómo ayudar a tu hijo”. Entre terapias, consultas y viajes constantes, su vida familiar se desmoronaba. “Tenía toda mi familia desestructurada, estábamos todo el día en un coche, viajando de un lado a otro, y al final nadie disfrutaba de la familia”.
El desorden, la incertidumbre y la falta de coordinación entre terapeutas, médicos y colegios lo llevaron a una reflexión profunda. Un día, cuando su hijo cumplía cuatro años, vivió un momento que lo cambió todo. “Me derrumbé en la acera y empecé a llorar. Pensé: esto no se puede organizar de esta forma. Las cosas tienen que ser mucho más sencillas”. Fue ahí cuando decidió transformar el dolor en acción.
Gracias a esa convicción nació la Fundación Anda Conmigo y, junto a ella, un centro terapéutico especializado con un enfoque integral para niños con distintas necesidades de desarrollo. Su propósito era claro: acompañar a las familias que, como la suya, enfrentan el desafío de criar a un hijo con necesidades especiales. “Si esto podía valerme a mí como padre, debe valer también para otros”, explica.
Su visita a nuestro país, gracias a Save the Children y a Juan Tomás Díaz, presidente en el país de la organización, busca impulsar la expansión del proyecto en el Caribe y Latinoamérica, convencido de que República Dominicana es estratégica por la calidez de su gente. Su gran meta es convertirlo en un hub terapéutico para abrir nuevos centros regionales.


Javier, antes de la fundación, tenía un trabajo estable en una multinacional, con buenos ingresos y entendió que, a diferencia suya, muchas familias no podían costear las terapias que ayudaron a su hijo, por lo que separó la fundación de la parte empresarial para asegurar que los recursos se destinen a su propósito real: brindar atención accesible y aliviar el peso emocional de los padres. Con esa misma esencia, Anda Conmigo ofrece terapias adaptadas a distintos contextos socioeconómicos y organiza encuentros quincenales donde las familias pueden compartir y liberar el estrés que viven.
En su caso personal, el mayor regalo ha sido ver los progresos de su hijo. “Entró al centro en silla de ruedas y con un retraso cognitivo de más de dos años y medio. Hoy, diez años después, camina con muletas, está en primero de bachillerato, ha tenido novias y quiere estudiar finanzas. Es un luchador nato”.
Ese espíritu de superación también se ha transmitido al resto de la familia, pues su hijo mayor le ha dicho que quiere continuar el proyecto, y Mario, el motor de todo, busca aplicar sus conocimientos financieros dentro de la fundación. “Mi sueño como padre es que mi familia se sienta tan orgullosa que quiera seguir con lo que hemos construido; este proyecto ha nacido por y para ellos”, comenta con una sonrisa.
En el logo de Anda Conmigo, hay un pequeño monstruito verde que representa a esos niños “tiernos, cariñosos, nuestros pequeños monstruitos”. A su lado, una huella grande simboliza la del padre y la madre que los acompaña. Anda conmigo significa el camino que tienen que recorrer nuestros pequeños monstruitos para convertirse en esa huella grande”.



