Hablar de dominicanidad en el escenario internacional es, inevitablemente, hablar de Celinés Toribio. Su trayectoria, que abarca la televisión, el cine, la producción, el emprendimiento y hoy el servicio público, es el reflejo de una identidad que no se negocia, que evoluciona y que se proyecta con orgullo. En cada etapa de su carrera, la dominicanidad no ha sido un accesorio discursivo, sino el eje central de sus decisiones más determinantes.
Uno de los momentos que marcó un antes y un después ocurrió en enero de 2002, cuando decidió no renovar contrato con la cadena Univisión para aventurarse en la radio. El miedo estaba presente, pero también la convicción de que crecer implica arriesgar. El programa Coco y Celinés terminó siendo un éxito rotundo en Nueva York, al punto de integrarse al catálogo de la misma cadena que había dejado atrás. Aquella decisión no solo redefinió su carrera como comunicadora; consolidó su carácter. La dominicana que apuesta por sí misma, que no teme reinventarse y que convierte la incertidumbre en plataforma.
En 2012 volvió a asumir un riesgo significativo al producir y protagonizar la película sobre María Montez, la legendaria estrella dominicana que conquistó Hollywood en los años cuarenta. Más que un proyecto cinematográfico, fue un acto de reivindicación cultural. La cinta logró competir como mejor película en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, posicionando nuevamente el nombre de una dominicana en un circuito internacional de prestigio. Para Celinés, contar la historia de María Montez fue recordar que la identidad dominicana también está hecha de glamour, talento y visión global.


Su compromiso con la comunidad fue aún más evidente entre 2004 y 2017, cuando fundó una academia para niñas en Nueva York, graduando a más de 11,000 jóvenes en trece años. Allí sembró autoestima, disciplina y sentido de pertenencia. En 2022, esa vocación se transformó en la conferencia de empoderamiento femenino “La Nueva Yo”, reafirmando su apuesta por el liderazgo femenino dominicano, tanto dentro como fuera del país.
Hoy, desde su rol como viceministra para las Comunidades Dominicanas en el Exterior, designada por el presidente Luis Abinader dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana (MIREX), Celinés asume la representación de casi tres millones de dominicanos que viven fuera de la isla. Además, dirige el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), liderando 14 oficinas alrededor del mundo.
Desde esa posición, su visión es clara: “Somos más que remesas”. La diáspora dominicana no puede reducirse a cifras económicas; es cultura, es talento, es aporte intelectual, es identidad viva. Programas como “Un Cafecito con la Comunidad” han impactado a más de 132,000 dominicanos en apenas un año, fortaleciendo el vínculo entre el Estado y quienes residen en el exterior. El lanzamiento del primer Observatorio de Salud de la Diáspora evidencia también una gestión enfocada en datos, bienestar y políticas públicas con rostro humano.


En lo personal, Celinés define ser dominicano como “cultivar la cultura del sí”. Es alegría, fe, familia, resiliencia y valentía. Durante sus primeros años en medios internacionales, el acento dominicano no siempre era celebrado. Hoy, afirma con orgullo que esa manera de hablar ese “cantadito” tan nuestro es aceptado e incluso aplaudido. Esa transformación cultural habla no solo de su evolución profesional, sino de la madurez de una identidad nacional que ya no se esconde.
La dominicanidad que proyecta Celinés Toribio es expansiva y generosa. Está en la música que promueve, en la gastronomía que exalta, en las historias que lleva a la pantalla y en las políticas que impulsa desde la diplomacia. Es una identidad que no se diluye con la distancia geográfica; al contrario, se fortalece.
En cada escenario internacional que pisa, Celinés representa algo más que un cargo: representa una nación que aprendió a decir con firmeza quién es. Porque, como ella misma sostiene, ser dominicano es sinónimo de felicidad. Y cuando esa felicidad se combina con disciplina, vocación de servicio y orgullo patrio, se convierte en una poderosa herramienta de proyección global. La dominicanidad, en la voz y la gestión de Celinés Toribio, no es solo origen. Es propósito.



