María Esperanza Haché ha convertido una tesis universitaria en un referente de inclusión en la República Dominicana. Lo que comenzó hace más de quince años como un proyecto académico junto a Marcelle Berrido surgió tras evidenciar las profundas necesidades y la falta de oportunidades de personas en situación de discapacidad y sus familias. Con el tiempo, esa iniciativa evolucionó hasta convertirse en una organización dedicada a crear espacios de desarrollo, educación, arte, autonomía e inclusión laboral.
De un proyecto académico a una misión de vida
“Yo También Puedo” nació como parte de una tesis universitaria, pero pronto se transformó en un propósito de vida. Haché explica que el contacto con la realidad de muchas familias marcó un punto de inflexión, impulsando el proyecto más allá del ámbito académico hacia una labor social sostenida.
Desde entonces, la visión ha evolucionado hacia la creación de oportunidades reales de desarrollo. La organización no solo acompaña, sino que impulsa procesos de crecimiento integral. Para María, el eje central es demostrar que, cuando se confía en las capacidades de las personas y se les brindan los apoyos adecuados, pueden alcanzar mucho más de lo que la sociedad imagina.
También destaca el concepto de “Embajadores de Esperanza”, que define el trabajo de la organización. Para ella, significa creer en las posibilidades antes que en las limitaciones y acompañar a las familias en momentos de incertidumbre, recordándoles que sus hijos tienen un futuro lleno de oportunidades. Esta esperanza se traduce en acciones concretas como orientación familiar, primeros empleos, desarrollo de habilidades y fortalecimiento de la autoestima.


En este sentido, Haché insiste en la necesidad de pasar de la sensibilización a la acción, ya que la inclusión debe reflejarse en escuelas preparadas para la diversidad, empresas que ofrezcan oportunidades reales y políticas públicas que garanticen el acceso y la participación de todos.
Asimismo, subraya la importancia de cambiar la mirada social: dejar de enfocarse en las limitaciones y reconocer capacidades, talentos y potencial. Para ella, la autonomía es clave, ya que hablar de independencia es hablar de dignidad y de la posibilidad de construir un proyecto de vida propio, sin depender de la lástima, sino de oportunidades reales.
El arte como puente hacia la inclusión y el futuro
El arte, la creatividad y la expresión ocupan un lugar fundamental dentro del trabajo de la organización. Haché explica que el arte tiene un poder transformador, ya que permite comunicar emociones, fortalecer la autoestima y descubrir habilidades que muchas veces permanecen ocultas.
A través de estas herramientas, muchos jóvenes han logrado ganar confianza, expresarse con libertad y demostrar capacidades que incluso han sorprendido a su entorno. El arte no solo desarrolla habilidades, sino que también cambia percepciones y abre puertas hacia nuevas oportunidades.
Mirando hacia el futuro, María Esperanza sueña con una República Dominicana donde la inclusión deje de ser una excepción y se convierta en una realidad cotidiana. Un país donde las personas en situación de discapacidad puedan estudiar, trabajar, movilizarse y participar plenamente en todos los espacios de la sociedad.
Su visión incluye más empresas comprometidas con la inclusión laboral, más escuelas preparadas para la diversidad y comunidades que entiendan que la inclusión enriquece a toda la sociedad. Sobre todo, aspira a un país donde cada persona tenga la oportunidad de demostrar todo lo que puede lograr.



