InicioEntrevistasCECILIA GARCÍA: LA ARTISTA QUE HIZO DE LA ESCENA SU DESTINO

CECILIA GARCÍA: LA ARTISTA QUE HIZO DE LA ESCENA SU DESTINO

Fotografía: Karoline Becker : Vestuario: Leonel Lirio : Maquillaje: Carlos Faya : Peinado: Jaquelin Almonte

Hablar de Cecilia García es hablar de una de las en la República Dominicana. Con más de cinco décadas de trayectoria, ha sido pionera, intérprete polifacética, productora y referente cultural. Pero detrás de cada papel y de cada ovación, hay una mujer que se ha mirado en el espejo de sus personajes, aprendiendo de la risa y del dolor, encontrando en el arte no solo una vocación, sino un destino.

Judy Garland y el espejo del escenario

De todos los personajes que marcaron su carrera, García confiesa que Judy Garland en Al final del arcoíris fue el que más la obligó a mirar dentro de sí misma. No porque hubiera un paralelismo en sus vidas, sino porque en esa mujer de talento desbordante y vida turbulenta reconoció la vulnerabilidad de los artistas. “Judy fue una niña prodigio explotada desde pequeña, víctima de una industria despiadada y de adicciones. Pero aún en medio de todo eso, fue madre, fue artista, y entregó al

mundo interpretaciones inolvidables”, recuerda. Más que una transformación personal, fue un ejercicio de comprensión: aceptar que la grandeza de un artista no anula su fragilidad, y que ambas conviven dentro y fuera del escenario.

El precio de ser pionera

Desde sus inicios en una generación dorada de artistas dominicanos, Cecilia se abrió camino en un ambiente donde las mujeres debían luchar el doble. Sin embargo, asegura que no sufrió marginación ni abusos, sino que fue acogida y reconocida por sus colegas. “Quizás por haber sido una de las pocas comediantes mujeres en mi generación, nunca tuve que enfrentarme a esas pruebas. Nunca cedí a lo que no quería ni me vi explotada frente a mis compañeros”, afirma.

Su independencia y firmeza marcaron su carrera, aunque implicaron sacrificios. Reconoce que la adolescencia que muchos viven entre amistades y primeras experiencias, ella la pasó en ensayos y escenarios. A los 16 años compartía con figuras como La Lupe o Roberto Yanés, mientras sus amigas soñaban con conciertos. “Quemé etapas antes de tiempo, pero lo hice en nombre de mi vocación. No me arrepiento: mi vida siempre estuvo donde tenía que estar, aunque eso significara dejar atrás vivencias propias de la edad”.

Si pudiera aconsejar a la joven de 20 años que comenzaba en La Taberna de Babín, le hablaría de ética más que de técnica. Para ella, la clave es quemar cada etapa sin prisas ni atajos. “En el arte, como en la vida, no se puede forzar el crecimiento; cada experiencia te prepara para la siguiente”. Ese principio ha sostenido una trayectoria sólida, sin concesiones ni dobleces.

El humor como refugio

El público la recuerda por personajes icónicos como Altagracia, inspirada en las trabajadoras domésticas dominicanas. Para García, el humor no ha sido solo un recurso escénico, sino una estrategia de supervivencia. “Un sentido del humor bien trabajado te saca de grandes crisis. Como decía Chaplin: un día sin reír es un día perdido. Y yo lo creo profundamente”. Esa capacidad para la comedia también nutre su drama. La versatilidad con la que aborda personajes complejos nace de entender la naturaleza humana en todas sus facetas: la risa, el llanto, la fragilidad y la fortaleza.

Entre el arte y la familia

Aunque su padre deseaba que estudiara una carrera “seria”, Ceciliasiempre supo que su lugar estaba en el arte. Llegó a inscribirse en Psicología, pero pronto se inclinó por la música y el teatro. Lejosde conflictos, sus padres terminaron apoyándola. “Conocían mitalento desde niña y entendieron que mi decisión no estaba equivocada. Creo que se alegraron de dejarme seguir mi norte”.

Creció en un hogar rodeado de música, pinturas y esculturas, donde el arte era parte de la vida cotidiana. Ese ambiente, unido a su disciplina y pasión, explica por qué nunca tuvo que demostrar que el arte era más que un hobby: lo convirtió en destino y en legado.

Ismalay Liranzo
Ismalay Liranzo
Una muchachita vieja que le encanta escribir historias.
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