Hablar de Cipriani es recorrer una narrativa donde la elegancia, la intuición y la tradición se entrelazan hasta convertirse en un estilo de vida global. Lo que comenzó como un gesto de generosidad en Venecia terminó por redefinir la hospitalidad de lujo durante casi un siglo, manteniendo intacta una filosofía centrada en el cliente y en la experiencia.
Todo inició en 1931 con la apertura de Harry’s Bar, un pequeño pero influyente bar fundado por Giuseppe Cipriani. La historia, casi mítica, cuenta que un cliente estadounidense, Harry Pickering, recibió de Giuseppe un préstamo cuando atravesaba dificultades económicas. Años después, regresó no solo para saldar su deuda, sino para financiar el sueño del barman. Así nació un espacio que pronto se convertiría en epicentro de intelectuales, artistas y aristócratas, y que en 2001 fue reconocido como Patrimonio Nacional por el Ministerio de Cultura italiano.




Más allá de su atmósfera inigualable, Cipriani dejó una huella imborrable en la gastronomía mundial. En 1948, Giuseppe creó el Bellini, un cóctel que mezcla puré de melocotones blancos con Prosecco, inspirado en los tonos del pintor Giovanni Bellini. Dos años después, revolucionó la cocina con el Carpaccio, ideado para la condesa Amalia Nani Mocenigo, quien no podía consumir carne cocida. Este plato, de láminas finísimas de carne cruda, fue bautizado en honor al artista Vittore Carpaccio, célebre por sus vibrantes rojos.
El legado de Cipriani ha sido cuidadosamente preservado por generaciones. Arrigo Cipriani, hijo del fundador, consolidó la esencia de la marca con una filosofía basada en la libertad y la comodidad: un servicio que anticipa, espacios que equilibran funcionalidad y elegancia, y una atención al detalle casi intuitiva. Bajo el liderazgo de sus descendientes, la marca inició su expansión internacional en 1985 con su llegada a Nueva York, marcando el inicio de un crecimiento sostenido hacia capitales globales.
Hoy, Cipriani es mucho más que restaurantes. Es un ecosistema de lujo que abarca desde productos gourmet hasta eventos exclusivos y desarrollos inmobiliarios. Sus icónicos espacios en Nueva York, como Cipriani 42nd Street o Cipriani Wall Street, se han convertido en escenarios de algunas de las galas más prestigiosas del mundo. Paralelamente, proyectos como las residencias en Miami reflejan una evolución hacia un concepto integral de vida, donde la hospitalidad se integra al día a día.




También destaca Casa Cipriani New York, un club privado y hotel boutique que encapsula la esencia de la marca: exclusividad, discreción y un servicio impecable. Curiosamente, el histórico Hotel Cipriani, aunque fundado por Giuseppe en 1958, hoy opera de forma independiente bajo el grupo Belmond.
Cipriani no es solo una marca: es una forma de entender el lujo, donde la tradición y la innovación conviven con una naturalidad que pocas casas han logrado sostener en el tiempo.



