Desde su llegada a Yves Saint Laurent en 2016, Anthony Vaccarello ha sido el artífice de una transformación silenciosa y poderosa. Con su visión precisa, su respeto innato por la tradición y un instinto certero para lo contemporáneo, Vaccarello no solo ha preservado el legado de la maison, sino que ha logrado reimaginarlo para una nueva generación, sedienta de autenticidad y fuerza.
La misión no era sencilla. Saint Laurent no es una casa de moda cualquiera: es un ícono cultural, un símbolo de rebeldía sofisticada, un nombre que evoca instantáneamente la elegancia irreverente de París. Vaccarello entendió, desde el primer momento, que su papel no era destruir ni reinventar desde cero, sino refinar, evolucionar y traducir los códigos eternos de Yves para el lenguaje actual. Su enfoque ha sido audaz pero respetuoso: modernizar sin diluir, innovar sin traicionar.
Formado inicialmente en escultura antes de orientarse hacia la moda, Vaccarello posee una comprensión instintiva de la forma y la estructura. Este trasfondo artístico le ha permitido crear piezas donde el volumen, el corte y la arquitectura dialogan íntimamente con la sensualidad. En cada colección, se percibe esa dualidad vibrante: una sensualidad audaz, casi desafiante, contenida por una estructura precisa que nunca pierde el control. Su herencia ítalo-belga añade un matiz único: pasión y rigor, emoción y orden.
En la mujer Saint Laurent que Vaccarello dibuja, hay una reafirmación constante de fuerza y autonomía. No se trata de una feminidad complaciente o predecible; es una feminidad que conquista espacios, que combina el dramatismo con el minimalismo, que domina lo masculino y lo femenino con la misma naturalidad. Ya sea en el eterno “Le Smoking” o en vestidos de transparencias calculadas, la mujer de Vaccarello nunca se disfraza: se revela.


A lo largo de sus colecciones, Vaccarello ha sabido mantener un hilo conductor reconocible –esa silueta poderosa, esa actitud que desafía y seduce–, pero también ha demostrado saber cuándo romper sus propias reglas. En la colección Primavera-Verano 2025, por ejemplo, llevó a Saint Laurent hacia territorios más teatrales y oníricos, casi surrealistas, en una muestra de que en la moda, como en la vida, el arte está en saber cuándo consolidar y cuándo sacudir.
Bajo su liderazgo, el impacto de Saint Laurent ha sido tan estético como comercial. La maison ha crecido de manera exponencial, expandiendo su presencia global y reforzando su posición en el lujo contemporáneo. Para Vaccarello, sin embargo, el éxito nunca ha sido un fin en sí mismo: es la consecuencia natural de permanecer fiel a una visión fuerte, de crear piezas que no solo se ven, sino que se sienten, que cuentan una historia de deseo y pertenencia.
Hoy, Saint Laurent representa lo chic con un toque de escándalo. Representa París, la libertad, la audacia. Es el encuentro entre la provocación y la elegancia sin esfuerzo, entre el clasicismo y la ruptura. Vaccarello, con su instinto de escultor y su corazón de creador, ha logrado no solo conservar ese espíritu, sino amplificarlo para resonar en un mundo nuevo.
El futuro de Saint Laurent, bajo la batuta de Anthony Vaccarello, promete ser tan cambiante y fascinante como un caleidoscopio: en constante movimiento, siempre fiel a su corazón indómito. Mientras siga explorando y reinterpretando los íconos de la casa con la misma pasión y precisión que hasta ahora, Saint Laurent no solo será relevante: será eterno.



