Fotos: Silverio Vidal
La gastronomía dominicana trasciende los fogones para convertirse en una expresión de cultura, identidad y desarrollo económico, capaz de proyectar al país más allá de sus fronteras. Bajo esta mirada, Luis Ros, presidente de la Academia Dominicana de Gastronomía, ha desarrollado una trayectoria estrechamente vinculada al impulso y reconocimiento del sector. Su labor también se extiende al ámbito iberoamericano a través de su participación en la Academia Iberoamericana de Gastronomía, espacio desde el que contribuye a conectar y poner en valor las distintas expresiones gastronómicas de la región, mientras promueve el reconocimiento de quienes, desde diferentes ámbitos, ayudan a construir el presente y el futuro de la cocina dominicana.
De esa visión nace el Burén de Oro, una iniciativa concebida para reconocer a los protagonistas de la gastronomía dominicana y generar una plataforma que permita visibilizar su aporte dentro y fuera del país.
Una idea con raíces
La creación del Burén de Oro fue una idea que tomó varios años en madurar. Ros explica que una de las funciones de las academias es reconocer a los actores de la sociedad que realizan aportes significativos. Su experiencia en iniciativas como Restaurant Week, donde durante años se han evaluado y premiado propuestas gastronómicas destacadas, terminó de reforzar esa visión.
Su incorporación a la directiva de la Academia Iberoamericana de Gastronomía también marcó un punto importante en el proyecto. Allí estrechó su relación con Rafael Ansón, presidente de la institución, cuya propuesta sobre la gastronomía del siglo XXI contempla cinco dimensiones: saludable, solidaria, social, sostenible y satisfactoria.


A partir de esa filosofía, Ros planteó trasladar esos principios al contexto dominicano y crear una plataforma cuyos reconocimientos pudieran servir también como representación del país en los galardones iberoamericanos.
El nombre elegido guarda una conexión directa con la historia gastronómica dominicana. El burén, utilizado ancestralmente para transformar la yuca en cazabe, se convierte en símbolo de un proceso mayor: transformar el valor de la gastronomía dominicana en oro. Para Ros, cuando la gastronomía prospera también lo hacen el turismo y la economía nacional.
Una mirada que trasciende la cocina
Luis entiende que detrás de cada experiencia gastronómica existe una cadena de valor que merece reconocimiento. Productores, cocineros, restaurantes e industrias forman parte de un ecosistema en el que cada eslabón contribuye a que un producto termine convertido en una experiencia.
En ese proceso, destaca especialmente al chef como una figura fundamental, por su capacidad de decidir qué productos utilizar y cómo transformarlos. Como ejemplo del posicionamiento que comienza a alcanzar la cocina dominicana, menciona a la chef Tita, cuyo restaurante Aguají, en Sosúa, fue situado en el puesto 88 de Latin America’s 50 Best Restaurants. También señala la presencia de restaurantes dominicanos en 50 Best Discovery.
El valor de contar nuestra historia
En su trayectoria, Ros también reconoce el acompañamiento de José Carlos de Santiago, vicepresidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía, a quien atribuye parte de su aprendizaje al asumir responsabilidades dentro de la Academia Dominicana de Gastronomía.
Para él, uno de los grandes aprendizajes ha sido comprender la gastronomía como parte de la cultura. Un plato no representa únicamente ingredientes y preparación; también transmite identidad. Por eso considera fundamental construir una narrativa alrededor de la cocina dominicana que permita al visitante comprender qué hay detrás de cada preparación.
Con el Burén de Oro, Ros propone precisamente ampliar esa conversación. El reconocimiento no busca sustituir otras premiaciones existentes, sino sumar una plataforma que integre a los diferentes participantes de la cadena gastronómica. Su propósito es dejar una huella y contribuir a que el talento dominicano continúe encontrando espacios para ser reconocido y proyectado internacionalmente.



