Fotos: José Rozón & Nicole Núñez
La luz del Caribe, una textura encontrada en la naturaleza, las proporciones de un espacio. En el universo creativo de Ana + María, la inspiración puede aparecer en cualquier escala. A veces comienza en un micropaisaje; otras, en la textura de un objeto o en la memoria de un momento. Después llega el proceso: observar, investigar, construir y transformar. La historia de la firma tiene sus raíces mucho más atrás. Ani de Cordero lleva más de 35 años dedicada al diseño y la confección. En 2016, sus hijas, Anabella y Jimena, se incorporaron al proyecto para abrir una nueva etapa y llevar aquella herencia hacia una mirada contemporánea. Su primer gran ejercicio creativo partió de una pieza tan esencial como la camisa blanca.




La convirtieron en un laboratorio de posibilidades, explorando sus distintas versiones y descubriendo, a través de ella, el lenguaje que querían construir. Con el tiempo, esa experimentación fue tomando una identidad cada vez más definida. La arquitectura ocupa un lugar especial en ese lenguaje. Las líneas, las proporciones, los volúmenes y la relación entre estructura y cuerpo forman parte de su manera de pensar una prenda. La ropa se construye casi como un espacio: cada plano tiene una intención, cada volumen encuentra su equilibrio y cada movimiento importa.La materia también habla. Algodón, lino y organdí permiten crear siluetas que mantienen ligereza mientras exploran diferentes formas. En Ana + María, la calidad del textil es parte fundamental del diseño. Es una enseñanza heredada de su madre, quien siempre ha defendido que una buena creación comienza con una buena tela. Después aparecen los detalles: pliegues, transparencias, superposiciones y acabados trabajados cuidadosamente a mano. Las pecheras y los baberos se han convertido en códigos reconocibles de la firma, acompañados por volúmenes arquitectónicos y siluetas limpias. Su estética encuentra belleza precisamente en ese equilibrio entre lo estructurado y lo fluido.




La historia personal de Anabella y Jimena también está presente. Crecieron entre telas e hilos, en una familia de mujeres vinculadas a la moda y la costura. Desde pequeñas diseñaban vestidos, pintaban telas y observaban de cerca cada etapa del proceso creativo. Años después, esas experiencias permanecen, transformadas por los viajes, el arte, la arquitectura y una identidad caribeña que se expresa con sutileza. La luz, el mar, la naturaleza y la frescura de la isla aparecen filtrados por su propia sensibilidad. Nada parece impuesto; todo encuentra su lugar dentro de una conversación más amplia entre pasado y presente. Cada pieza se produce localmente y recibe especial atención en su construcción y acabados. Esa dedicación responde a una filosofía clara: crear con intención y diseñar para permanecer. Y quizá allí reside la esencia más bonita de Ana + María: en imaginar prendas que puedan acompañar una vida, regresar a ella una y otra vez y adquirir nuevos significados con el paso del tiempo. Piezas que terminan hablando de quien las lleva tanto como de quienes las crearon.


Entre telas y recuerdos en Ana + María
De niñas, Anabella y Jimena tenían un pequeño ritual: diseñar sus propios vestidos, pintar telas y pasar el tiempo observando cómo las ideas tomaban forma entre hilos y tejidos. Aquellas tardes terminarían convirtiéndose en parte de una historia mucho más grande.
Años después, ambas trabajan junto a su madre, Ani de Cordero, llevando hacia una nueva generación el universo creativo que las acompañó desde pequeñas. De ese encuentro nace Ana + María, una firma dominicana donde la memoria familiar, la arquitectura, los materiales naturales y el trabajo artesanal encuentran un lenguaje contemporáneo.
En esta edición de Glam Avenue, nos acercamos a ese universo para conocer las referencias, los procesos y las pequeñas obsesiones que han dado forma a una marca que sigue creciendo desde sus propias raíces.



